Todos los que pasean o corren por el paseo del Pontiñas en Lalín, y llegan hasta el lago -para ubicarse, el que queda poco después de la residencia de ancianos de Espiño- suelen fijar en algún momento la vista en los patos que campan a sus anchas en este enclave. En ocasiones no tan cómodos, por la exuberante vegetación que nace entre sus aguas, dada la poca profundidad del lecho. En especial crecen espadañas, generando en ocasiones críticas vecinales e incluso preguntas políticas en los plenos, por la falta de actuaciones para su retirada.
La edil socialista, Marta Lázara, se interesaba por este tema el pasado jueves en el pleno y fue el propio regidor quien le contestó. José Crespo aseguró que las espadañas seguirían en su lugar porque se han convertido en refugio y criadero para diversas especies de aves, desde patos salvajes a cormoranes. Una explicación basada en las explicaciones de Medio Ambiente, con el consejo de no tronchar las espadañas. Pero el criadero «ad vitam aeternam» -palabras de Crespo- tendrá que esperar a la pujanza de nuevas plantas. Y es que nadie se acordó de avisar al alcalde de que las anteriores habían sido podadas.