El viento arrancó prácticamente de raíz uno de los árboles singulares con los que cuenta el Concello de Rodeiro. Conocido como el eucalipto do Botixo, por pertenecer a la casa de ese nombre en Casasoa, en la parroquia de Río, este ornamental ejemplar alzaba su blanca estampa entre el verde en un terreno despejado. Su figura llamaba la atención y ayer eran muchos los vecinos que lamentaban su pérdida. Alguno incluso pedía su recuperación.
El edil de Rodeiro, Horacio Ferradás, explicaba ayer que el eucalipto podría rondar los sesenta o setenta años. Una edad respetable. Se trataba de un eucaliptus citriodora conocido como gomero olor a limón, una variedad ornamental. Su altura era de unos 23 metros y el ancho abarcaba «o menos catro brazadas». A dos metros de altura el diámetro ras de 1,3 a 1,4 metros. A cinco metros de altura se abría una inmensa copa de 25 metros de ancho. Ferradás García significa que el clima de Rodeiro no era precisamente el más adecuado para este tipo de árboles. De ahí que quizás por eso no creció lo que sería de esperar para un ejemplar de esa edad.
Su envergadura y ramaje le proporcionaban una fuerte resistencia al viento. Al parecer el Klaus ya lo tocó y hizo que se inclinará un poco hacia el sudoeste y ahora recibió el último golpe definitivo de este temporal. Tras la muerte del carballo de San Martiño de Asperelo, este era otro de los pocos árboles singulares que quedaban en el municipio de Rodeiro. Ayer las brigadas de Protección Civil se encargaban de cortar aún algunos árboles en diferentes zonas y de retirar otros. Era también hora de hacer balance para muchos ganaderos que vieron sus explotaciones destruidas.
En un establo de Lamas de Meixomín, en el Concello de Lalín, el viento levantó por el aire el tejado de un pajar tirándolo sobre el establo de vacas y destrozando la edificación. Las vigas quedaron clavadas de punta. Afortunadamente los animales no sufrieron daño. Ayer los propietarios retiraban los escombros de la sala de ordeño donde se produjeron cuantiosos destrozos.