A Estrada estuvo ayer en el punto de mira de todas las localidades costeras de Galicia. Nada que ver con la imparable subida del nivel del mar por efecto del calentamiento global y el derretimiento de los polos. El problema es serio, pero falta aún mucho para que los estradenses puedan darse un baño salado sin coger el coche.
Lo que convirtió A Estrada en foco de atención fue la celebración en la Academia galega de seguridade pública de una jornada sobre el furtivismo. Estaba organizada por la Xunta, la Fiscalía superior y la Guardia civil y su objetivo era facilitar el contacto entre los diferentes colectivo implicados en la lucha para plantarle cara a los furtivos. «Cuando el percebe se cotiza a trescientos o cuatrocientos euros el kilo resulta muy atractivo pegar el sartenazo» constataba ayer el comandante de la Guardia civil del Servicio del mar, Ramiro Santalices, que ha dedicado media vida a la lucha contra el furtivismo. Según explicó las zonas de Ferrol y O Burgo son las que registran mayores problemas. Son zonas muy pobladas en las que además se dan situaciones de marginalidad social que llevan a las personas con escasos recursos a buscar un extra en el marisco ajeno. No obstante, no hay que olvidar que a veces las propias cofradías son los furtivos.