Sala Gradín celebra su cincuenta aniversario tras haber sido escenario de sesiones de baile censuradas por la Iglesia y de almuerzos nupciales de media comarca
23 sep 2009 . Actualizado a las 11:45 h.Si las paredes hablasen, las de Sala Gradín tendrían muchos secretos que contar. No hay estradense de pro que no haya pisado el local al menos una vez en la vida y no hay caderas sesenteras que no hayan bailado los éxitos del Dúo Dinámico en el mítico local de la calle Gradín.
Además de un negocio que ha sabido adaptarse a los tiempos, Sala Gradín es en A Estrada casi una institución. En ella se ella se han besado por primera vez muchos estradenses que hoy son abuelos y se han celebrado los banquetes nupciales de recién casados de toda la comarca.
El visionario que echó a andar el negocio fue Ramiro Abelleiro Lagos, un empresario estradense que revolucionó la hostelería local encadenando la apertura de tres locales de referencia: la Sala Gradín, la sala de fiestas Lennon y la discoteca Nicol?s. La mítica Sala Gradín fue el primer paso. Abrió sus puertas el domingo de Carnaval del año 1959 como sala de fiestas. El anunció casi causó un cisma religioso. Eran otros tiempos. La iglesia no estaba a favor de la apertura de salas de baile que pudiesen pervertir a los estradenses y alejarles del estricto camino de la oración. El arzobispado hizo campaña en contra de la apertura, pero perdió la batalla. El hijo del fundador, Ramiro Abelleiro Rey, tomó pronto las riendas del negocio. Hoy, jubilado ya, recuerda aquella época con nostalgia. «Recuerdo que el párroco de entonces, Don Nicolás, lloró por no poder asistir a la inauguración. Él quería estar presente, pero del arzobispado se lo prohibieron», explica. «Aquel día fue histórico. Hubo personas que tenían ya entradas para ir a ver al Celta de Vigo y cambiaron el partido por la inauguración debido a la expectación que se levantó. Al principio, desde los sectores religiosos estaba mal visto asistir a las sesiones de baile y muchos curas vigilaban quienes de la parroquia asistían y quienes no», recuerda Ramiro Abelleiro.
La sala empezó abriendo los domingos por la tarde y, poco a poco, empezó a ampliar su calendario a fechas señaldas, como el Carnaval o el día de San José. La apertura en el día del patrono de la familia tampoco gustó demasiado en el sector eclesiástico, pero la diversión acabó venciendo y la Sala Gradín se convirtió en meca de todos los jóvenes de la época. El 3 de octubre celebrará su aniversario con una cena-baile por los viejos tiempos.