Dos cocineros civiles, uno de ellos de Vigo, son los responsables de los menús que se preparan en el buque escuela de la Armada durante el crucero de instrucción
01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hace ochenta años, la conservación de los alimentos a bordo del Juan Sebastián de Elcano era algo cuanto menos complicado. De hecho, son muchos los que recuerdan que se llegaban a transportar vacas y ovejas vivos, que posteriormente eran sacrificados en el buque.
Hoy en día, la situación es completamente diferente. Las cámaras refrigeradas permiten la conservación de toda clase de alimentos durante semanas, de tal modo que se garantiza a la dotación del buque una comida más que aceptable. En sus despensas, el bergantín transportó en su travesía de Cádiz a Tenerife, entre otras mercancías, mil quinientos kilos de patatas, cinco toneladas de carnes diversas, 2.700 kilos de pescados, entre 1.200 y 1.500 kilos de verduras y frutas, cuatro mil kilos de aceite, de los que algo más de un millar eran de oliva, otros tantos de harina y de leche y zumos, medio millar de cajas de veinticuatro latas de refresco...
Todos en el buque escuela, al igual que en cualquier embarcación de la Armada, desde el comandante y hasta el último marinero, disfrutan diariamente del mismo menú. Sin distinción.
Nada se puede objetar. Al pasado pertenecen los tiempos en los que el rancho del Ejército daba para toda clase de bromas y estereotipos. El menú típico de una comida en el Elcano está compuesto de dos platos, en el que el segundo es de carne o pescado, y postre, normalmente fruta, mientras que, por la noche, se puede llegar a incluir un tercero de pasta. Y todo para recuperar las energías que se han gastado a lo largo de toda una jornada de duro esfuerzo.
Al frente de la cocina del Elcano, dos civiles. Los dos Manueles, como cariñosamente los denomina a bordo, son Manuel Sirviente Prius y el vigués Manuel Prado Iglesias. Tras bastantes años en el buque, este último subraya que no se sigue, en principio, ninguna dieta. Los menús se confeccionan «según las existencias que haya. En las travesías más largas y a medida que determinados productos escasean, los menús se improvisan más sobre la marcha».
Algunos malos tragos
Junto a él, el coruñés de Monte Alto Víctor Sande Edreira, cabo primero, interviene para, entre risas, comentar que no es la primera vez que se hace escala en un puerto extranjero y un buen número de tripulantes termina con «cagalera». Y es, nada más pisar tierra son muchos los que «comen cualquier cosa, beben agua del grifo y luego, claro está, cuarenta tíos con dieta blanda».
A pesar de compartir espacio, Prado Iglesias y Sande Edreira no se dejan llevar por rivalidades territoriales de carácter deportivo. Tal vez influye el hecho de que «no somos futboleros», precisa el primero.
Mucho más complicado que ponerlos de acuerdo en cuestiones de balompié, es definir las preferencias de la dotación. La eterna pregunta, ¿carne o pescado?, recibe una respuesta a la gallega. «Estamos empezando el crucero. Es pronto para saberlo. Hay años en los que no tocan el pescado y otros en que es la carne la que no tocan», subraya Víctor Sande.
Cuando en julio arriben a Galicia, será tiempo de hacer balance, aunque, tal y como reconoce, el maestro cocinero Manuel Prado «lo bueno siempre supera ampliamente. De lo malo, ni te acuerdas».
Cuestión de agua
En el Juan Sebastián de Elcano, otra cuestión es la referida al agua. La embajada flotante dispone de depósitos enormes del líquido elemento, pero también tiene capacidad para desalar agua del mar mediante un sistema de ósmosis. El líquido tratado, de esta manera se destina tanto para los aseos y la cocina, como para el consumo, mientras que el que desplaza en los depósitos y embotellado se dejar para el segundo de los usos.
Debido a que en la zona de motor existen conducciones para ambos tipos de agua, así como para otros líquidos, se ha habilitado un código de color que determina y diferencia cada circuito de tuberías. El azul es el del agua dulce, mientras que el verde es el de la salada. Por su parte, el amarillo es empleado para las conducciones de aceite y el rojo para el combustible, gasóleo.