La clase más dulce sobre Carboeiro

M. G.

DEZA

Más de un centenar de escolares silledenses degustaron la réplica en chocolate del monasterio tras conocer su historia

28 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Nunca una clase de historia local tuvo tan buen sabor como ayer en Silleda. Más de un centenar de escolares del Ceip de Bandeira y del colegio María Inmaculada que participaron en la actividad «Saborea o teu patrimonio» dieron ayer cuenta de la réplica en chocolate del monasterio de Carboeiro a la vez que conocieron más en detalle su patrimonio.

Los sesenta kilos de chocolate eran el objeto de atención situados en el centro de la Praza da Igrexa de Silleda. Los escolares aguardaban con impaciencia darle el primer mordisco a uno de los principales referentes de la localidad, después de que el pastelero José Manuel de la Iglesia Barros lo convirtiera en chocolate. Pero antes, la guía del monasterio durante este verano, Soledad Rey, les habló un poco de la historia: año de construcción, estilo -para lo que hizo una comparativa con la moda- y también les apuntó a que se estaba trabajando para acabar de recuperarlo.

Los pequeños, que se quedaron con el estilo del monasterio -aunque algunos se hacían un pequeño lío con lo de romano y románico-, se interesaron en detalle por el proceso de construcción del monumento en chocolate. Desde cuanto tiempo le había llevado -70 horas, les respondió el pastelero- o de dónde había sacado tanto chocolate. No es fácil poder ver tanto junto.

Después de esta breve introducción tocó el momento clave: probar Carboeiro. Primero fue en filas y en orden, recibiéndolo de manos de la alcaldesa, Paula Fernández, y de los concejales, Gerardo Lázara, Dolores García y Manuel Cuíña. Pero, después, los alumnos ya se convirtieron en los auténticos dueños de la réplica hasta no dejar ni los cimientos. Cada cuál miraba la parte que le había tocado.

Pero no fue solo probarlo en la actividad. Algunos no dejaron escapar la ocasión para llevar también algún pedazo del monumento hecho chocolate de Silleda para alguno de sus amigos que no pudo estar o sus familiares. Hasta hubo alguno que exclamó: «Setenta horas -en referencia al tiempo que le llevó al pastelero- para acabarse en dos minutos». Era la frase reflejo de lo que pasó en esta particular clase de historia impartida ayer en la Praza da Igrexa.