María Celia Ameneiro desmenuza en un libro el periplo vital y creador de un artista que no concebía la pintura sin el dibujo
11 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Estamos inmersos en el Año Laxeiro y de forma periódica nos encontramos con iniciativas en torno al universal artista dezano. Uno de los hitos fue sin duda el congreso celebrado en Lalín el mismo día de febrero en que el pintor nacía hace cien años. Pero también ha habido ya exposiciones, catálogos, conferencias, seminarios,... en un programa que se prolongará durante todo el 2008.
A ese acervo sobre Laxeiro se sumaba recientemente una publicación. María Celia Ameneiro firma un libro biográfico, editado por Ir Indo dentro de su serie Galegos na Historia . Bajo el título Laxeiro, o eu de Xosé Otero Abeledo , nos acerca su vida y obra. Como asegura la autora, «Xosé Otero Abeledo é o corpo, Laxeiro é a alma, ou como el mesmo dicía o seu eu, a súa esencia, o motor de esa máquina que era o seu corpo».
Una publicación que desgrana el periplo vital y artístico de Laxeiro, de su «estética do granito, coa que continuaba a tradición pétrea dos canteiros medievais e barrocos». Resalta que el creador dezano «non concibía a pintura sen o debuxo» y «creou un universo propio formado por uns personaxes carnavalescos, mitolóxicos, fantásticos e ás veces deformados».
La obra se articula en cinco capítulos, con abundante material fotográfico y una cronología y bibliografía final. El primer capítulo, de 1908 a 1925, está dedicado a su infancia y estudios en Lalín hasta que embarca a Cuba en 1921, donde comienza su formación artística. El segundo apartado recoge el retorno de Laxeiro a su tierra, abarcando de 1925 a 1933, con su etapa de barbero-pintor y su traslado a Madrid en el curso 1931-1932 becado por la Diputación de Pontevedra. De 1934 a 1951, plasma su regreso a Lalín y su traslado en 1940 a Pontevedra y dos años después a Vigo. Etapa donde su obra cumbre fue Trasmundo .
En 1951 arranca el cuarto capítulo de la obra, con el autoexilio en Argentina, hasta 1970. Un país donde sigue demostrando su fuerza como artista, donde había una importante presencia de exiliados gallegos, con los que traba amistad. Las dos primeras décadas en tierras argentinas fueron de las más fecundas en productividad por parte de Laxeiro.
«Pintor galego e universal» reza el último capítulo de la obra, que abarca desde 1970 hasta su muerte en 1996, con sus estancias en Madrid, Lalín y Vigo. Una trayectoria artística en la que no dejó en ningún momento de innovar, situándose en la cúspide de los creadores gallegos del siglo XX.