Amén de paliar el envejecimiento de la población y de contener la caída de la tasa de natalidad, el creciente asentamiento de extranjeros en Compostela está contribuyendo a mejorar otro tipo de cuentas: las de la Iglesia. Al menos eso cree la institución, pues atribuye a la llegada de foráneos buena parte del incremento que durante el año pasado experimentó la demanda de servicios religiosos para niños y jóvenes.
A lo largo del 2007, dentro de los límites de la diócesis se celebraron 7.725 primeras comuniones, un 14% más que las 6.776 registradas en el 2006, según datos facilitados ayer por el responsables de la Oficina de Estadística y Sociología del Arzobispado de Santiago, Juan José Cebrián. Si bien en menor medida, también subieron las confirmaciones, al pasar de 5.053 a 5.123, así como los bautizos, que avanzaron desde 8.831 hasta 9.042, de los cuales 61 tuvieron como protagonistas a personas mayores de siete años, hecho antaño inusual.
¿Por qué repuntan estos sacramentos cuando otros como el matrimonio se encuentran en franco declive? «Hay generaciones de chicos muy próximas entre sí y distintas por completo, lo cual puede hacer variar las cifras», responde Cebrián. Y agrega: «Pero, fundamentalmente, se está percibiendo con gran fuerza la influencia de la inmigración, sobre todo, la sudamericana, que es de una catolicidad mayor que la del español».
«Parece -sentencia entre risas- que los alumnos ahora son más aventajados que los maestros», en alusión indirecta a las diferencias entre la actualidad y los tiempos de las misiones y el denominado proceso de cristianización del Nuevo Mundo. «Se nota en las misas, pero es que además ayudan una barbaridad en la parroquia», apostilla.
A favor de su tesis juega el último estudio demográfico del INE, el cual cifra en 2.031 los americanos legalmente afincados en la capital, mientras un lustro atrás apenas sumaban 943.