A Estrada exhibe la obra de Scorpio, un artista casi ciego que plasma su cosmos gracias a seis lupas de aumento
25 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Luis Alberto Martínez apenas puede distinguir las formas. La melancolía que suele acompañar a los genios le jugó una mala pasada hace años y le animó a pegarse dos tiros en menos de veinticuatro horas. Tuvo suerte. Perdió la visión del ojo derecho y conservó sólo el 6% en el izquierdo. En su cerebro aún quedan restos de bala, pero su lucidez y su conversación cultivada embaucan a cualquiera. Luis Alberto Martínez es el testimonio viviente de un milagro. El artista es creyente y ha elegido firmar sus obras con un pseudónimo que da fe de ello. Scorpio es su signo del zodíaco. Pero Luis Alberto nació un 15 de noviembre en Barranquilla (Colombia), y allí es mucho más que eso. En su patria natal se asocia con la Virgen de los Dolores y con el lema «Yo deseo». Dos veces tuvo que echar mano el pintor de estas palabras de ánimo y las dos veces encontró fuerzas para seguir. La primera fue cuando, a los 17 años, se fue a Estados Unidos. El choque cultural fue tremendo, pero el artista logró seguir adelante y acabó quedándose en norteamérica cuarenta años. La segunda vez fue cuando se quedó casi ciego. Su mayor deseo era pintar y, pese a todas las dificultades, lo sigue haciendo. Seis lupas de aumento le ayudan a plasmar en el lienzo lo que él lleva dentro.
El pintor se ha mudado recientemente a Aciveiro (Forcarei). Llegó con su mujer en busca de nuevos horizontes y se instaló en casa de los tíos de ella, en la pequeña aldea de Vilaverde. Muchos vecinos le preguntaron por qué había venido y dieron por supuesto que era por el paisaje, por la exuberancia natural de Forcarei y por su sinfonía de verdes. No era cierto. Lo que más valora Scorpio de su nuevo hogar es la enorme paz que le rodea. «No vine por el verde. Los árboles están en mi mente, pero la paz es otra cosa. Aquí hay calma y tranquilidad, y el pintor la necesita», explica Luis Alberto.
Con la lupa en la mano izquierda, el pincel en la derecha y la música de jazz siempre de fondo, el artista navega la luz, el matiz y la forma «para entregar al espectador la copia del espejo casi bruñido de nosotros mismos».
Además de pintor, Scorpio es un poeta. Sus descripciones son poesía y sus obras la confirmación de que los ojos del alma son la mejor herramienta para atrapar el misterio que rodea lo cotidiano y encerrarlo en un lienzo. Por eso las mujeres de Scorpio son cubistas, realistas y surrealistas a la vez y por eso nos intimidan con sus miradas inquietantes, plenas de expresión y llenas de interrogantes.
La exposición puede visitarse desde hoy hasta el 24 de mayo en la galería Guimart.