Enfermeras con el botiquín a cuestas

DEZA

Las profesionales de A Estrada se calzaron las deportivas para acudir a pie a atender sus consultas domiciliarias. A Concha le tocó el recorrido más largo: diez kilómetros

03 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Once de la mañana. En el centro médico de A Estrada hay un revuelo mayor de lo habitual. Las enfermeras inician su primera pateada reivindicativa y los medios de comunicación local se agolpan en la puerta para inmortalizar el momento. Las enfermeras están hartas de utilizar sus propios vehículos para prestar atención domiciliaria. No quieren una compensación económica. Reclaman otro sistema de transporte. El Sergas se resiste y las profesionales contraatacan con medidas deportivas . A partir de ahora, todos los miércoles acudirán a pie a atender las consultas domiciliarias del casco urbano y las parroquias limítrofes.

En el municipio hay 19 trabajadoras afectadas. A Fina, Elisa, Fernanda y Concha les tocó dar zapatilla de primeras. En sus consultas un cartel informaba al paciente: «Voy andando a un domicilio. Ruego perdonen las molestias ocasionadas por el retraso. Gracias». Solo se atienden urgencias. Más de un usuario se quedaría perplejo con la nota si no hubiese visto antes la pancarta colocada en el vestíbulo: «Solución ya al problema del desplazamiento domiciliario». Debajo, un bloc para recoger firmas de apoyo con medio centenar de rúbricas.

Las enfermeras se preparan para la caminata. A Elisa le ha tocado ir a la zona de las Colonias y rematar el paseo con la escalada a un cuarto piso sin ascensor. Fernanda dirige sus pasos a Penerada y Fina arranca hacia Figueroa. Todas van equipadas con chalecos reflectantes, pero no todas se han puesto deportivas. Concha sí. A ella le ha caído el recorrido más largo. Va a hacer curas a una paciente que vive en los límites de las parroquias de Ouzande y Somoza.

Concha no hacía ejercicio desde hace mucho. Alguna vez jugó en el equipo local de balonmano y dirigió entrenamientos de bádminton. Le gusta caminar, pero últimamente los pies le están jugando una mala pasada. Se operó de un dedo rígido y ahora sufre la misma patología en el otro pie. Al apoyar, ve las estrellas. Ayer, como buena enfermera, se preparó a conciencia. Almohadilló el pie enfermo y se calzó los tenis. «Ni me enteré del pie», comentó feliz al final de la caminata.

El trayecto lo hizo a buen ritmo, escuchando la emisora local en su MP3 y respondiendo a las llamadas de ánimo o de vacile que calentaron su móvil. En la subida hacia A Somoza tuvo que reducir la marcha. Una pareja que circulaba en un tractor cargado de hierba la tienta: «Sube e vente con nós». Concha resiste y alcanza su meta sin problemas. La familia la recibe con guasa. Conocen su problema y le espetan: «¿E logo onde deixaches o coche?». Retranca gallega 100%. La enfermera se ha dejado el cuentakilómetros en casa, pero enseguida la informan de la distancia que ha hecho. Lleva cinco kilómetros y le quedan otros tantos de vuelta. Concha no se amilana. No necesita ni un vaso de agua ni una silla para reponer fuerzas. Hace las curas al enfermo y emprende enseguida el camino de vuelta. A las 13.30 horas está en su consulta de nuevo. Su récord son dos horas ida, vuelta y trabajo incluido. Entretanto, en el ambulatorio un par de personas citadas perdieron la paciencia.

De vuelta en el centro médico, llega la hora de comparar marcas y experiencias. Elisa regresó tan sudorosa como satisfecha. La jornada de feria provocó el encuentro con varios pacientes que le levantaron el ánimo con palabras y besos. Un abanico y una silla le devolvieron el aliento tras la calurosa jornada deportiva . Fernanda y Fina regresaron frescas como lechugas y encantadas con la comprensión de transeúntes y pacientes.

La acogida de los compañeros del ambulatorio fue digna de deportistas de élite. Las felicitaciones se mezclaron con las bromas: «Vais a acabar todas con 90-60-90». Ninguna aspira a supermodelo, pero todas tienen claro que el próximo miércoles repetirán la experiencia.