Crónica | Un naufragio costó la vida a treinta personas en el siglo XIX Los pocos vecinos que quedan en Nogueira y Mourelos aún cuentan la historia de los fallecidos, procedentes de Rodeiro, que iban a Portotide para trabajar en la vendimia
13 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Ocurrió en el siglo XIX, hace unos ciento cincuenta años, pero su recuerdo continúa vivo en la memoria de muchos lugareños, que siguen transmitiendo oralmente esta historia. Se trata de un naufragio que sembró la tragedia a orillas del río Miño, en el tramo comprendido entre el pueblo de Portotide, en O Saviñao, y la zona de Os Arroxos, en la ladera de Nogueira, en Chantada, ambas sepultadas hoy bajo las aguas, tras la construcción del embalse de Belesar. En este suceso murieron entre unas diez y treinta personas, según las fuentes, todas ellas procedentes del valle de Camba, de Rodeiro, en la vecina comarca de Deza, y que fueron enterradas también a orillas del río. José Rodríguez es un vecino de Soto, en la parroquia de Nogueira de Miño, Chantada, y cuenta que había oído muchas veces esta historia en el pueblo cuando era niño. Los ocupantes de la barca procedían de varias parroquias del municipio de Rodeiro, y llegaron al desaparecido pueblo de Portotide para trabajar en la vendimia. No recuerda exactamente cuántos iban en la barca, entre unas diez y treinta personas. La tragedia se produjo cuando los hombres intentaban cruzar el río Miño desde Portotide hasta la ladera de Nogueira, «entón a barca empezou a coller auga por unha beira, todos se desprazaron para ese lado para intentar arranxalo e a embarcación afundiu. Morreron todos os ocupantes, porque ningún sabía nadar, e o río estaba cheo de pozos», explicó José Rodríguez. Cementerio improvisado Por otra parte, José Lemos y Francisca Rodríguez, que viven ahora en Chantada pero nacieron en Portotide, también conocían esta historia, que escucharon contar en multitud de ocasiones a sus padres y abuelos. José Lemos precisa que los fallecidos en el naufragio eran una treintena, y que cruzaron el río de noche, «porque era tempo de festa», explica. Los muertos durante el naufragio fueron enterrados en un campo de propiedad privada, conocido como el Prado do Cerdeiro da Veiga, en la ladera de Nogueira. José Lemos explica que en el lugar no había ninguna cruz que indicara la situación del improvisado cementerio, y que además era de muy difícil acceso, «só había un carreiro pequeno para poder chegar», añade. Su abuelo había encontrado incluso restos de huesos en esa zona. Hoy todos los vestigios materiales de esta tragedia están escondidos bajo el río Miño, pero la historia, a pesar del tiempo transcurrido, se sigue transmitiendo de padres a hijos entre los vecinos del lugar. Ésta es la mayor tragedia que se recuerda en el lugar, pero no la única. En un entorno dominado por el curso de las aguas del Miño, el barco era el principal medio de transporte hasta la reciente construcción de los puentes. A base de recordar los naufragios sufridos, los muertos, y las leyendas sobre los que se salvaron gracias a los milagros de San Pedro o de la Virgen, los pocos habitantes que quedan en la zona han aprendido a conocer, respetar y sentir mayor apego por el imponente caudal del Miño.