SIN SODA | O |
09 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.EN LOS EJÉRCITOS del Ulla hay poca disciplina. Hace años que las tropas andaban revueltas, pero ahora se han roto las filas. En tiempos el municipio tenía un regimiento más disciplinado que los marines de Estados Unidos. No hacía falta tocar la corneta. En cuanto se acercaba el Carnaval, los generales desempolvaban sus trajes y empeñaban el tiempo que fuese preciso en preparar combates y guerrillas. La batalla es dialéctica, pero las embestidas lingüísticas también hay que ensayarlas un poco si uno quiere lucirse. Antaño, a la llegada del entroido, la sangre de los enfrentamientos corría por todo el valle del Ulla. En Santa Cristina de Vea, en Cora y en Santeles el Entroido era la disculpa para hacer un repaso crítico de la actualidad a golpe de coplas como puñales que irritaban a algunos y divertían a la mayoría. La espontaneidad y frescura de aquel carnaval se ha perdido y la tradición en sí también corre peligro. En los últimos tiempos en los ejércitos del Ulla ha habido deserciones en masa. La vieja guardia quiso dar el relevo pero hubo pocos quintos dispuestos a invertir su tiempo en entrenamientos. Para lucir galones sobre el caballo todavía hay jinetes dispuestos, pero para engrosar las tropas de a pie y afrontar el desagradecido trabajo en la sombra no acaban de aparecer las fuerzas que deberían. Para colmo, a los ejércitos del Ulla han llegado las luchas intestinas. La desidia y pequeñas pullas se han extendido como la lepra por todo el valle estradense y han ido descabezando cada regimiento. El último en activo era el de Santa Cristina de Vea, pero este año también rompe filas. En la parroquia no habrá encontro y a la villa llegarán los altos sólo por la obligación impuesta por un convenio con el Concello que este año expira. Corren tiempos de paz. Pero en este caso lo que interesa es la guerra.