A CONTRAPELO | O |
08 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.ESTAMOS EN tiempos de parón otoñal, esa época del año donde uno no sabe muy bien a qué dedicarse. Si a comenzar un puzzle de mil piezas por lo menos o empezar la lectura de Guerra y paz de Tolstói. Quizás a tejer una bufanda de varias vueltas o acudir al gimnasio para reforzar abdominales. Estamos en unos meses amorfos, donde nos marcamos pocos objetivos, en espera del invierno y las planificaciones navideñas, la primavera y los preparativos del verano y después los ajetreos habituales de esta estación donde mudamos habitualmente de residencia para ¿disfrutar? del tiempo vacacional. El otoño suele deprimir, a unos más que a otros. Pero no nos podemos quejar del actual, con temperaturas que parecen casi veraniegas. Tanto calor suel imbuirnos más bríos, aunque no parece que ese espíritu se haya contagiado a los políticos. Todos andan un poco paralizados, velando armas para las próximas municipales. La carrera del 27-M todavía tiene a muy pocos en la línea de salida, con los partidos poco preocupados por escoger a sus primeras espadas. Al menos en las formaciones que, ahora en la oposición, sueñan con un cambio de ubicación en el salón de plenos. Pocos son los que están ya en la tesitura de empezar a arañar el apoyo de sus convecinos. Y en esa abulia política también andan los concellos, en una parálisis que hace intuir trabajo soterrado para presentar un esplendoroso arranque del 2007, con el que convencer a los electores. Guardan fuerzas para presentar obras, iniciativas, propuestas, estudios, análisis, objetivos,... y cuantos nombres se les ocurran a sus postulados. Seguro que el invierno, pese al frío, hará entrar en calor político a nuestros municipios. Quizás para esas fechas ya conozcamos algún nombre más de los futuros alcaldables, que aún son pocos. No proliferan, como las setas otoñales.