Navidad a veinte grados

DEZA

AL FILO | O |

06 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

LLEGÓ la Navidad a los escaparates, que ya se vistieron de luces y adornos; a los supermercados que ya llenaron las estanterías de dulces tentaciones en forma de turrones de todos los colores y bombones de todos los sabores. Y, claro, a la industria juguetera que desde hace semanas ofrece su mercancía repitiendo anuncios hasta la saciedad en horario infantil. Mientras, algunos seguimos saliendo a la calle sin abrigo, sin el tormento de calcetines y medias, disfrutando de esos veinte grados de máxima con los que la naturaleza nos obsequia la mayoría de los días y haciendo cuentas de lo que llevamos ahorrado en calefacción con respecto a otros otoños para ver si nos da para un caprichito. Otros empiezan a estar ya preocupados. Los castañeros que ya pusieron su chiringuito en las calles de ciudades con tradición magostera como Ourense ya colocaron el asador hace algunas semanas pero no se comen una rosca. Porque con la temperatura veraniega que hubo esos días a ver quién es el guapo que le hinca el diente a unas castañas calientes sin guantes de por medio. Los que por estas fechas empiezan también a organizar las matanzas, para tenerlo todo listo, salado, ahumado o congelado mucho antes de Navidad, también se están empezando a inquietar y por más que miran el termómetro, este sigue sin bajar demasiado. Lo mejor es que con el calor el cuerpo nos pide más ensaladas que platos de callos o de cocido y más agua fresca que un buen chocolate con churros. A mí sólo me queda para llegar sin veinte kilos de más a Navidad cerrar los ojos en los supermercados, evitar la amplia sección de turrones con almendras y los chocolates suizos y poner el pie sólo en las fruterías. Eso o irme a donde aún no sea Navidad.