RASTRO DE AIRE | O |
02 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.SON AÑOS escuchando hasta la saciedad argumentos abrumadores sobre la necesidad de que el medio rural conserve las explotaciones agrarias como arma básica para fijar población. Era y es mentira el mensaje político, palabrería. No se hizo nada. Ni siquiera es discutible esta arrogante aseveración porque son los propios datos de instalaciones existentes los que la respaldan. Pero, en todo caso, a los que nos gusta meternos por caminos rurales sin más argumento que los de ventilación física y anímica nos sobran las estadísticas para mirar los núcleos rurales abandonados a su suerte con las zarzas cruzando muchos de sus caminos intransitados. Traducido es que no hay gente. Es hora y última hora para poner otra mirada sobre el medio rural. Una mirada real que no se traduzca en deseos, que se ajuste a realidades. No sirve ya la vía de la cuota láctea tan manida. Está ya demostrado que son pocas las granjas y serán menos. Existe algo de resistencia y hasta expansión vía vacuno de carne, pero también parece un puente a un desgaste más lento. La vía agraria parece no obstante la única que podría garantizar un medio rural pero ligada a renta y calidad de vida y tal como está el territorio parece tarde para utilizar una red agraria que cubra todo el territorio, por inexistente. Es hora de poner la mirada seriamente sobre la realidad y distinguir y conjugar juntos pero no solapados los capítulos económicos y los sociales. Mantener población es cada vez más un concepto social que debe ser considerado en presupuestos de políticas sociales. Producir leche, carne o girasoles debe estar en el capítulo económico. Cuando se mezcla todo en una sociedad capitalista también suele fallar todo, y eso no quiere decir que no deba haber políticas transversales, por supuesto. Sinergias, sí; confusión, no.