El caos de las urgencias del Chus

DEZA

EL CRISOL | O |

17 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

VISITAR EL SERVICIO de Urgencias del Chus compostelano es una puerta abierta a la desesperación: es una entrada al caos sin anestesia previa, una situación de tensión nerviosa que se va incrementando a medida que pasan las horas de espera. Aunque no por prescripción facultativa, al menos por caridad cristiana, lo primero que deberían suministrar a pacientes y acompañantes que franquean Urgencias es un Trankimazin, mientras se aguarda turno en la mítica consulta de clasificación; y en las siguientes. La pasada noche estuve en Urgencias. Llegué de noche y me marché de madrugada: lo normal; un tiempo en el que da tiempo a escuchar de todo: sobre todo, quejas de desesperación e impotencia de quienes esperan consulta de sus dolencias desde horas antes. De quien entra a las siete de la tarde con dolor estomacal y pasada la medianoche sigue aguardando su turno de consulta; de quien avanza con el paso lento de la edad a las 4 de la madrugada, mascullando a sus familiares «dez horas aquí para que me digan que é unha gastroenteritis»; impotencia de quien aguarda un análisis que al médico de turno se le olvida comunicar que no debe realizarse antes de seis horas. Todo eso puede verse, cada día y cada noche, en Urgencias. Un servicio a todas luces desbordado, desde siempre, y al que no se atisba solución: ni con los de antes ni con los de ahora. Sería bueno que los políticos responsables, además de manejar estadísticas favorables que los usuarios jamás nos creeremos porque se contradicen con nuestra experiencia, padeciesen las esperas sanitarias en primera persona, al menos como observadores. No será el caso: preferirán seguir contándonos que, en una hora, se viaja de Asperelo a Santiago, o en poco más de treinta minutos por la autopista. Y yo me lo creo: como si la madrugada de ayer en Urgencias hubiese sido un mal sueño.