AL FILO | O |
21 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.MAMÁ , mamá nós queremos ver como caen as casas. Y es que toda la vida viendo en directo huracanes, tornados, ciclones y tormentas tropicales por la tele marca. Ayer me explicaba una vecina de Lalín que sus hijos se despertaron más temprano que nunca, pese a que sabían de sobra que no había cole. Se levantaron tan o más nerviosos que después de una noche de Reyes, agitados y mirando por la ventana insistentemente. Al final, la desilusión. «Mamá, non pasa nada, nin chove». Los críos esperaban poder contemplar un espectáculo de película y se imaginaban casas y coches volando, árboles arrancados pasando delante del cristal, vecinos paseando con el estilo de Mary Poppins amarrados al puño de un paraguas. Pero nada, por la ventana, el paisaje era el de cualquier día de otoño. Un cielo gris, a ratos un poco de lluvia y el viento que ululó un rato pero que en algunas zonas apenas superó el de un día de crudo invierno. No todo el mundo lo vivió igual. En la calle había quien salió abrigado como para cruzar la Antártida y a los dos minutos sudaba la gota gorda bajo el plumas. Hubo quien no se creyó las predicciones y se bajo a la acera en manga corta como si nada. Unos se alegraban de que la cosa al final no fuese para tanto porque a primera hora los ladridos de los perros que se debían oler algo les hizo presagiar lo peor. Por la tarde, los estorninos volvieron a deleitarse en sus vuelos por el casco urbano disfrutando del sol que lucía a ratos y se asomaba por entre las nubes que quedaban en el cielo como si nada. Al final lo que peor lo pasaron fueron los árboles. Cayeron unos cuántos a diestro y siniestro, la mayoría de ellos en el municipio de A Estrada donde el viento se cargó también postes varios, cableados, hizo volar los contenedores y dejó sin luz a un montón de vecinos.