AL TRASLUZ | O |
11 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.SIEMPRE ME gustó andar en bicicleta. No es porque Óscar Pereiro haya ganado el Tour -mi infancia y juventud la viví con los logros de Pedro Delgado y Miguel Induráin- sino porque lo considero entretenido. Lo que pasa es hace ya años que no doy una pedalada. La última vez que lo hizo sufrí durante varias jornadas las consecuencias, lo que me dejó sin ganas de volver a probarlo. Pero lo que hoy me acordé de las bicis es por otra cosa. Es por lo indefensos que circulan por nuestras carreteras. Estos días en los que el número de peregrinos se multiplica por la Vía da Prata algunos optan por hacer el recorrido en este medio de transporte. Van por el arcén con varias mochilas en la parte de atrás de la bicicleta. Da igual que haga mucho calor o que refresque. Pero a su lado circulan los coches. Muy cerca pasan turismos a toda velocidad o camiones que hacen temblar al resto de vehículos, por lo que su incidencia es mayor en los ciclistas. ¿Cómo es capaz que continúen en pie? Nunca conseguiré explicármelo. El otro problema, es que circulan frecuentemente sin casco y una caída contra las vallas protectoras el golpe puede multiplicar sus efectos. Vi que en el Camino Francés la ruta estaba más delimitida y que había unos caminos paralelos a la calzada por donde se podía caminar. La Vía da Prata, a su paso por la comarca discurre en gran parte a pie de la N-525. A nadie se le ocurrió -ni en Año Santo ni en otros momentos- tomar medidas para evitar que los que se acercan a Santiago de Compostela en peregrinación tengan que compartir espacio con turismos y camiones, con el riesgo que eso conlleva. No sólo se puede pensar en la velocidad, sino en cualquier despiste por parte de conductores, ciclistas o peatones. La única forma segura para andar en bicicleta son en las rutas organizadas con señalización delante y detrás, como las de estos días.