Crónica | Diez años sin Laxeiro Familiares, amigos e intelectuales honraron ayer en Lalín la creatividad desbordante, la generosidad de José Otero Abeledo, gran «contador de contos» y artista universal
21 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?se nómada, capaz de contar mil historias, ese artista de factura tempestuosa y talento extraordinario que fue José Otero Abeledo, Laxeiro, revivió ayer en el corazón de muchos lalinenses y gallegos. En un país dado a las conmemoraciones, el décimo aniversario de la muerte del creador congregó en Lalín a familiares y amigos, intelectuales y artistas dispuestos a recordar a un hombre de creatividad única, estandarte de la vanguardia gallega del siglo XX. Una celebración que tuvo tintes más solemnes, pero sobre todo festiva. El recuerdo a Laxeiro, a su figura y obra arrancó al filo del mediodía. Plácido Rozas interpretó la muñeira compuesta por él y dedicada al genial pintor. Fueron los primeros sones que surcaron el aire en el cementerio de A Romea. El alcalde de Lalín, Xosé Crespo, el delegado de Educación, Cristóbal Fernández, y la hija del artista, Mari Cruz Otero, depositaron una corona de laurel sobre la tumba de Laxeiro. Crespo agradeció al pintor haber sido el germen que hizo que salieran de las tierras de Lalín una importante hornada de artistas que tienen en Laxeiro su mentor. Bajo la sombra de una carpa y al lado de su tumba sus amigos le recordaron y homenajearon en el décimo aniversario de su muerte. Xosé Vázquez Pintor que quiso hablar a Laxeiro como si siguiese vivo, le mandó un saludo para Wily «por si pasa o teu caron», a la vez que le informó de la gesta de Óscar Pereiro en el Tour de Francia. Carlos García Suárez Otero agradeció en nombre de la familia y de la Fundación Laxeiro estos actos y el cariño y apoyo brindado a su abuelo. Mesa redonda La actuación de un cuarteto de cuerda puso el broche final a los actos en A Romea. Ya por la tarde, el epicentro del homenaje se trasladó a la sala central del museo Ramón María Aller. En lo alto se podían entrever las obras de Laxeiro mientras se sucedían las intervenciones previstas en una tertulia entre amigos, como la bautizo el periodista y escritor Carlos G. Reigosa, que actuó como moderador y fue el primero en recordar a un «inmoderado e persoa extraordinaria». Fue uno de los discípulos de Laxeiro, Antón Lamazares, quien abrió las intervenciones para analizar algunas de sus referencias artísticas, desde Altamira al románico, de El Bosco a Velázquez o Solana y Rembrandt. Calificó a Laxeiro de pintor abierto y universal, capaz de mostrar la alegría, la fiesta, el carnaval y el drama, además de recordar su pasión «polo parrafeo e a leria». El crítico David Barro resaltó la fantasía creadora de Laxeiro, su factura tempestuosa y su imaginación visionaria. Por su parte, Isaac Díaz Pardo, que recibió el apoyo de los presentes en el conflicto que vive estos días, apuntó varias anécdotas compartidas con Laxeiro, como el retrato que le hizo en 1945 y avanzó la posible publicación en breve de escritos dejados por el artista lalinense. Por su parte, la poetisa Carmen Kruckenberg aludió a su talento enorme y las dos vertientes de su arte, con una primera pintura seria y trabajada y, en una etapa final, «onde non está esa grandeza». También recordó su amistad con Laxeiro el subdirector de La Voz de Almería, Miguel Naveros. Y, como no podía ser de otra forma cuando se habla de arte, numerosos creadores pusieron el broche final al homenaje a Laxeiro con lo que mejor saben hacer: pintar.