AL TRALUZ | O |

17 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

POR UN CÉNTIMO podemos quedarnos sin una subvención para comprar un piso, para optar a ayudas para transporte,... Vamos, que siempre puedes relativizar: «Si al final no me dan la ayuda es porque tengo dinero suficiente para pagarlo», pero no hay quien te saque el fastidio. Porque esos 2.000 euros que te daban, por ejemplo, para comprar la vivienda podían ir destinados a los muebles; los 300 euros del transporte para comprarse algún capricho, y así muchos más pequeños ahorros. Y en Silleda, fue eso lo que le pasó. Hasta este año siempre tuvieron opciones a reclamar la retirada del canon de saneamiento. No tenían los 2.000 habitantes en el casco urbano, aunque los rozaba, que el decreto de la Xunta establecía para estar obligados a abonar el gravamen. Si lo tuvieron que pagar los abonados hasta entonces, fue por una decisión política ya que le añadieron otros núcleos hasta completar la cantidad exigida. Pero ese ahorro de unos treinta euros anuales si se lograba la retirada del canon se esfuma. Los más dos mil habitantes -se superó la cifra en más de un centenar- agotan esa vía para reducir la factura del agua. Ahora, toda posible bajada se ve limitada al ámbito local, a lo que puedan fijar entre Concello y empresa adjudicataria del servicio. Y aquí, las opciones que se plantearon cuando la contestación vecinal era mayor, nunca acabaron por concretarse ya que no convencían a los abonados. Eso sí, siempre se puede buscar la parte positiva a contar con más de dos mil habitantes en el casco urbano. Porque si son más los abonados y se divide el coste de mantenimiento de las distintas redes -la de abastecimiento y saneamiento- tocaría a pagar menos a cada uno. Vamos, que todo sería hacer cálculos. Lo malo, es que los vecinos de Silleda llevan muchos años haciendo las cuentas y, al final, cuando reciben el recibo del agua es más alto año tras año.