Crónica | Los supervivientes de la represión franquista en A Estrada Heriberto e Ildefonso comparten dominó cada tarde. Hace setenta años compartieron celda: primero en A Estrada y después en el lazareto de la isla de San Simón
13 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Heriberto Bermejo e Ildefonso Puente nunca faltan a su partida de dominó en el centro social estradense. A primera hora de la tarde, el local es un hervidero de gente. Hace setenta años, la actividad era parecida, pero el ambiente era diferente. El solar que ahora ocupa el centro fue el emplazamiento de la prisión estradense, que durante la Guerra Civil estuvo al completo. Heriberto e Ildefonso tenían 19 años cuando fueron detenidos. Ninguno era dirigente político. Uno era barnizador y el otro carpintero, ambos de izquierdas y afiliados al sindicato UGT. El primero fue prendido por colaborar en el requisamiento de escopetas para defender A Estrada de la ofensiva falangista. Cuando lo fueron a buscar no estaba en casa, pero su madre cogió el recado: o se presentaba en el cuartel o aperecería muerto. Heriberto escogió la primera opción. Su vecino Ildefonso tampoco tuvo más opciones. Ambos eran de Guimarei, una parroquia especialmente roja en la que fueron detenidas al menos veinte personas. Ildefonso militaba en las Juventudes Unificadas. Tenía fama de comunista y lo sabía, así que decidió echarse al monte para evitar el ajusticiamiento. Su padre, que regentaba un bar en la Puerta del Sol, le buscó recomendación para ingresar en la cárcel estradense. Andar escapado era más peligroso que estar entre rejas. El prendimiento le sirvió a Ildefonso para conocer su verdadero nombre. Siempre le habían llamado Alfonso, pero en los papeles oficiales ponía Manuel Ildefonso. Los dos vecinos estuvieron en la cárcel estradense unos meses. Después, fueron trasladados a la isla de San Simón, el lazareto donde antaño se aislaba a los enfermos con epidemias traídas de América. Tuvieron más suerte que Clementino Louzao, otro joven de Guimarei de quién no se encontró ni el cuerpo. «A falange tiña o cuartelillo na plazoleta e alí detrás din que enterraban os corpos dos "paseados"», comentan. El 2 de noviembre de 1936 de A Estrada partieron dos camionetas con ocho presos cada una. Detrás iba un coche con el director de Prisiones que amenazó con hacer uso de las metralletas al primer intento de fuga. En Cuntis y en Caldas hicieron paradas para recoger a más presos. Depués, continuaron hasta San Simón con la inquietud del que no sabe a dónde es conducido en tiempos de guerra. El destino no fue el paraíso, pero fue mejor de lo esperado. "Era unha cárcel sin rejas", cuenta Ildefonso Puente. La isla estaba hasta los topes. Había ingenieros, médicos y un montón de maestros. «A administración levábana os presos e os vixiantes, que estaban menos preparados e só andaban co papeleo», recuerdan los estradenses. Los presos construyeron el muelle de la isla y la carretera en forma de herradura que la rodea. «Bautizámola coma Avenida de Teruel, porque naquel momento caera Teruel en mans dos roxos», cuenta Heriberto. El trabajo no era matador y la comida era suficiente. Salvo en el 39: «Daquela houbo días que nos daban unha ración de pan e unha lata pequena daquelas que traían catro sardiñas e se vendían a real». «Terapia» ideológica Sin embargo, el trago más amargo era el sometimiento ideológico. «Á hora da comida tiñamos que levantar a man mentres lían o parte de guerra, cantar o himno da falange e terminar coas voces rituales de "¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba España!". Eso era o que máis nos amargaba», explica Ildefonso. La prisión de San Simón cerró tras el descubrimiento de un escándalo de corrupción. El director cobraba a las familias por garantizarles el mantenimiento de los presos con vida. Fue fusilado. Los estradenses fueron recolocados en otras cárceles. Heriberto estuvo en Santiago, en los sótanos del actual Pazo de Raxoi, y luego en Pontevedra. Ildefonso fue recluido primero en el barco Upumendi, anclado en la ría de Vigo, luego en Astorga y finalmente en Figueirido. Ambos fueron sometidos a juicios sumarísimos y quedaron libres en 1940.