Crónica | Restauración escultórica en A Estrada Los vecinos de Curantes le han devuelto la sonrisa a las figuras del retablo encontrado hace meses en la sacristía. Con un centímetro de pintura menos, la Virgen ya respira
23 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Un centímetro de maquillaje es mucho para cualquiera. Y más para una Virgen y un Niño. Los vecinos de Curantes lo saben de sobra. Por eso han sumado esfuerzos para devolverles la sonrisa a las figuras del retablo localizado hace unos meses en un rincón olvidado de la sacristía. El conjunto escultórico se encontraba bajo un montón de tejas y no parecía tener valor artístico alguno. Sin embargo, los vecinos apostaron por su recuperación y aprovecharon las clases de restauración organizadas por la asociación de mujeres rurales para cumplir su objetivo. Lo que el profesor les enseñó en clase, cuatro alumnas lo aplicaron en la restauración del conjunto. Elvira Agra, Elena Nogueira, María Dolores Martínez y María José Reboredo se emplearon a fondo en la recuperación. «Traballaron desinteresadamente e a xornada completa», explicó ayer el maestro, Juan Manuel Rivadulla. Pliegues escondidos El retablo estaba cubierto por una gruesa capa de pintura plástica. Los toscos brochazos en color verde, marrón y rosado llegaban a acumular en algunas zonas un centímetro de espesor. «Non se vían os pliegues dos vestidos nin se apreciaban as faccións da cariña dos ánxeles de tanta pintura que tiñan», recuerda María José Reboredo. Tan grave era la cosa que, en un principio, el equipo creyó que las figuras eran de escayola. Sin embargo, un análisis más minucioso puso de manifiesto que el retablo lo integraban varias tallas de madera. La excesiva acumulación de pintura y la minuciosidad de la talla hizo precisas muchas horas de trabajo y un poco de inventiva. Los restauradores tuvieron que fabricar sus propios instrumentos para llegar a todos los rincones de la escultura. Tras la tosca capa de pintura se descubrió una talla cuidada en madera de castaño, sin policromía y sin ataques de polillas. «A madeira estaba tan ennegrecida que casi parecía de nogal», comenta Juan Manuel Rivadulla. El equipo optó por dejar la talla en madera al natural, después de aplicarle los tratamientos precisos para asegurar su conservación. «Fíxoselle un tratamiento contra insectos xilófagos, botóuselle tapaporos e, sobre todo, puxéronlle moitas horas de cariño», asegura el maestro. Ahora que ha recuperado el aliento, el retablo lucirá a la entrada de la iglesia. Los vecinos desconocen su procedencia, su antigüedad o su autoría, pero aventura que podría haber pertenecido a la antigua capilla de la parroquia, hoy desaparecida. Nuevo reto Si todavía les queda paciencia, los vecinos de la parroquia estradense de Curantes tiene otra buena obra que hacer. Junto con el retablo ya restaurado se había encontrado otro de dimensiones mayores y pintura parecida.