SIN SODA | O |
18 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.DESDE que al departamento de Loterías y apuestas del Estado se le ocurrió promocionar el Gordo navideño con la imagen de un tipo calvo y más bien delgado, media España le ha puesto a su móvil la sintonía del anuncio y a la suerte el rostro del pelado. Se equivocan de cuajo. Quizás muchos aún no lo sepan. Quizás no lleguen a saberlo. Quizás no quieran enterarse siquiera, pero la suerte, sin lugar a dudas, lleva nombre de mujer. No me refiero a Fortuna, aquella diosa del panteón latino que personificaba la suerte y la casualidad. Eso es mitología, que ya no se lleva nada a no ser que aparezca reciclada en un manga japonés o en una página de Elle . Yo me refiero a Estrella, a Mari Carmen, a Susana, a Pili, a Marisa a Ester o a Mari Nieves. A cualquiera de las veinte estradenses que salen a hacer la compra cada día y que el viernes se convirtieron en ganadoras de uno de los premios que sorteó Acoe. Todas las premiadas, las veinte, eran mujeres. En anteriores sorteos, el balance fue similar, así que se impone una malintencionada reflexión sociológica sobre el reparto de tareas domésticas. Puede que a los hombres estradenses les hayan echado un mal fario y tengan muy mala suerte. Puede que el sorteo haya estado amañado por algún colectivo feminista con extraños métodos para reivindicar la igualdad de sexos. Puede que los hombres hayan recolectado decenas de rifas y se las hayan regalado a las mujeres. O puede que sus pérfidas esposas se las hayan robado para rellenarlas con sus nombres y quedarse con los premios. Por poder, puede. También puede que Mc Donalds sirva caldo gallego, que George Bush deje de inventarse guerras o que un buen día lluevan billetes de cien euros. Puede, pero nadie lo cree. La Fortuna estradense puede ser suerte femenina, pero ¿casualidad?. No creo.