EL CRISOL | O |
15 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO un alto cargo religioso nacional me dijo, en Ferrol allá en el 84 -poco después del Hortensia - que yo tenía cierta razón al considerar que no hay infierno, por el convencimiento mutuo de que Dios es más infinitamente bueno que infinitamente justo, me llegó la hora de imaginar el castigo divino más bondadoso. Cabían -hay más- dos opciones razonables: la Nada, y la reencarnación continuada hasta reunir méritos. Desde entonces, cuando temo al más allá me refugio en la reencarnación, una oportunidad dulce,???todo ventaja, aunque duele esa visión de renacer en Uganda, huesudo y sin memoria de tu pasado , cuando tienes una hija de seis años, huérfana, en un pueblo gallego. Peor es lo que le ocurre a Hassan Há: era judío hasta que murió en Auschwitz, y lo tenemos ahora de lugarteniente del lugarteniente de Bin. Y Pablo fue, el 18-4-55, el último maqui murciano abatido por la Guardia Civil por aquella zona. Renació por aquí, menos torcido. Pero quería hablar de lo malo de la reencarnación, de lo peor: olvidas del todo lo que tanto te costó aprender, lo que te enseñó toda una vida. Si mañana, usted, estradense, renace en un monasterio de Nepal, desconocerá que se murió hoy; y no tendrá ni idea de quién es Fraga, Zapatero, Carod, Zaplana, Bono, Fernández de la Vega, Esperanza Aguirre y los Matamoro. Y se habrá olvidado del PXOM, de los marginados del IBI, de los terratenientes de los SUNC, de Espiño, de Campos y de Raquel, de Tallón, de Constenla y de Palmou. Conocer con cierta intensidad de qué va cada personaje local, los citados y los que me callo, es bastante formativo y saludable. Morirse hoy nos evitaría contrastar lo que recibía habitualmente cada año A Estrada de la Xunta, y lo que recibirá a partir de ahora. Algunos queremos seguir vivos, o reencarnarnos en lo mismo.