Cuernos en la carretera

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EL CRISOL | O |

03 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

DESDE HACE unos días, veo en los arcenes de la carretera unas señales que me desazonan un tanto. El primer día, de mañana, observé a unos operarios afanándose en su instalación, pero no reparé en el contenido de la señal: sólo me fijé en que eran unas señales de gran tamaño, dignas de autopista, pero estaban en la N-525. La sorpresa vino por la noche, con la señal perfectamente instalada y sus elementos reflectantes a todo trapo: recomendándome moderar la velocidad, pero con unas ilustraciones bien raras. Unos automóviles con un diseño que harían moderno a un Renault 8; pero eso no era lo peor: lo peor eran los dos ciervos que, con una espectacular cornamenta, aparecen en actitud de invadir la calzada. Y eso ya me mosquea más, porque tanto cuerno no es normal. Dicho en otras palabras, huele a cuerno quemado. No es normal que de buenas a primeras, nos sustituyan el tradicional torito, con unos cuernos normales, hasta asumibles , allí metido dentro de su triangulito de peligro, por unos ciervos impresionantes. Porque es mucho cuerno junto: eso da para repartir entre varios cervatillos, pero en uno solo es demasiado concentrado. Que uno, viendo semejantes señales, se retrotrae a las noches de Supergarcía en la hora cero , cuando José María deleitaba a la audiencia con sonidos animales de la berrea del ciervo. Que por lo que berreaban, estaba claro que no eran precisamente de tamaño mini. Ahora, ya tenemos visualización de los animales que imaginábamos: pero verlos todos los días, mañana, tarde y noche se hace excesivo. Por lo menos, se echa en falta que al otro lado de la leyenda «Modere su velocidad» aparezca otra, por debajo de los ciervos, que rece: «Sin animus molestandi», porque no está el horno para bollos. Ni para cuerno quemado.