AL FILO | O |
13 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA CULPA la tiene la huelga y cierta psicosis que empieza a ser colectiva. Faltan los fescos del barrio, aunque ayer esos del anuncio (es decir, los donuts y el pan, incluso el de molde) sí continuaban llenando las estanterías de los establecimientos de alimentación. En la calle no se hablaba de otra cosa, había quien estaba dispuesto a comprar combustible como para llenar un tanque por si el paro se extendía demasiado tiempo. Y todo puede ser, pero tampoco debe ser como para ponernos todos tan drásticos. Ayer en un súper lo decía alguien. Tendremos con qué llenar la nevera pero dispondremos de menos donde elegir. Hambre seguro que no pasamos, que la escasez agudiza el ingenio y a falta de mercancía de otros lares a nuestras mesas están llegando ya verduras recién cogidas de una huerta próxima, fruta que no ha visto una cámara en su vida y la carne procedente de animales sacrificados en el matadero más cercano. No todo iban a ser desventajas. A falta de todo y con la nieve ya cubriendo la sierra de Madrid siempre nos queda el recurso de adelantar la matanza o tirar de congelador, que también es muy socorrido y así, de paso, vaciar la caja de frío para volverla a llenar por noviembre y hacer acopio para Navidad. Ver huecos en las estanterías de los supermercados incita a comprar más. A uno le entra la psicosis de que se va agotar algo y compramos como si nos prepararamos para resistir encerrados en casa dos meses. Luego, cuando uno llega a casa y vacía las bolsas, se pregunta qué va a hacer con dos docenas de bolsas de pistachos, treinta tabletas de chocolate y doce latas de paté de jabugo que caducan en un breve espacio de tiempo. Si acaba la huelga, este fin de semana fiesta. Hay que vaciar la nevera.