Un experto de la Guardia Civil defiende que el control de Internet es responsabilidad de todos

La Voz L. P. | PONTEVEDRA

DEZA

RAMÓN LEIRO

29 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?a conferencia de Gonzalo Sotelo, del equipo de delitos telemáticos de la Guardia Civil en Pontevedra, clausuró ayer en la facultad de Ciencias Sociais el curso que analizó la problemática de la pornografía infantil en Internet. El experto defendió que se trata «básicamente de un problema educativo», fundamentalmente por parte de los padres. Y es que los progenitores «tienen que saber como utilizar» los recursos que ofrece la Red y los peligros que, en ocasiones, entraña. No obstante, Sotelo reconoció que, el control que se puede realizar sobre los contenidos a los que se puede acceder, es responsabilidad de todos. En este sentido, Gonzalo Sotelo insistió en que la Red es como una balanza, en la que «el 99% de los contenidos son positivos». Sin embargo, al tratarse de una herramienta, como «lo puede ser un coche o un medio de comunicación», «de vez en cuando se emplea mal». Se mostró convencido de que la lucha contra la pornografía infantil pasa por una mayor concienciación de la sociedad que lleve aparejada un incremento de las denuncias, aunque confesó que creía que «es complicado, muy complicado» tener un control absoluto sobre los contenidos que se difunden. Turismo sexual Una tesis contraria defendió el periodista Hernán Zin, para quien sí se pueden poner fronteras a la Red, aunque coincidió en que es preciso una mayor implicación de la sociedad. El autor de Helados y patatas fritas abordó el fenómeno del turismo sexual, un problema que definió como acuciante y donde los índices delictivos no dejan de crecer. «Nos ha cogido a todos, oenegés, políticos, periodistas... desprevenidos, por lo que no ha habido una acción contundente». Cifró en 50.000 españoles, «como mínimo», los que anualmente se dirigen a otros países para realizar turismo sexual: «La globalización es una oportunidad maravillosa para cambiar el mundo. El mundo se empequeñece y podemos intercambiar recursos financieros, culturales... Sin embargo, lo que hacemos los occidentales, los ricos, es enviar la escoria. No mandamos ayuda, no mandamos casi ingenieros o medicos, mandamos al pederasta».