RASTRO DE AIRE | O |

09 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

PRIMERO VINO el fuego ese cuya presión no aguantó ni el nuevo gobierno hasta el punto de mandar paralizar gran parte de la vida cotidiana del país (sin que nadie hiciese caso). El fuego tenía parte de su sustento en la sequía y fue un lamento de aquí y allá. Ahora llega el agua y volverán los lamentos, los mismos por exceso, por falta de costumbre, por ser vehículo de desgracias, como con la sequía, como con los incendios. Las llamas limpiaron los montes y las aguas los barrerán de tierra orgánica para que el trabajo no quede a medias, para que el desastre sea más intenso y menos recuperable. Quizá debieran los gobiernos, el español, con traslado inmediato a la legislación gallega, de terminar normas de arado de montes con algo de pendiente para que la masa orgánica se retenga en cierto modo en esos atrancos, quizá... No acabamos de ubicarnos ante la naturaleza. Se nos van las cosechas, se nos va el coche en el asfalto sucio y mojado, se nos van las corrientes y los acuíferos y se nos amontonan las presas por si llueve. Y todos despistados hasta que cada elemento ataca con fuerzas. Y todos pendientes de que la cosa quede en algo moderado. Y todos clamando para que no haga sol o para que no llueva. Toca pedir sol.