«Se sufre mucho, pero compensa»

La Voz M.S.D.| VIGO

DEZA

M. MORALEJO

Testigo directo | El reto de la integración La Administración obliga al emprendedor inmigrante a garantizar recursos para mantener su negocio durante un año antes de autorizar su alta como autónomo

05 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El autoempleo es una fórmula arriesgada y no siempre fácil de sacar adelante, sobre todo si el emprendedor es extranjero. La tramitación y los requisitos son más exigentes que para un ciudadano español. «No es fácil, para conseguir la licencia tienen que justificar que disponen de medios económicos necesarios para mantener el negocio durante un año», explica una experta del departamento de inmigración de UGT. «He conocido algún caso de inmigrantes que con 5.000 euros para capitalizar el negocio le denegaron el permiso», cuenta la sindicalista. A pesar de las dificultades, cada vez son más los extranjeros que se lanzan a la aventura empresarial. Es el caso de Esi, una joven de Gana de 25 años que hace tan sólo tres meses abrió una peluquería afro en las galerías Durán de la calle del Príncipe de Vigo. Está casada con Antonio, un aparejador de Oleiros con el que, antes de trasladarse a Vigo, hace año y medio, primero regentó un establecimiento de artesanía africana en las islas Canarias. Ambos tienen una hija de año y medio. Por motivos del trabajo de Antonio se trasladaron a Vigo, y comenzó la difícil tarea para Esi de buscar un empleo. «Es peluquera con cinco años de academia, pero recorrimos todas las peluquerías de Vigo y nadie la quiso», explica Antonio. «La única solución que te queda es abrir tu propio negocio...», cuenta Esi. Demasiados gastos En estos primeros tres meses de negocio todo han sido gastos: alquiler, seguros, autónomos... «y eso que la obra la hice yo toda», afirma Antonio. A pesar de todo, Esi está alegre y hace planes «estoy bien aquí, con el tiempo, me gustaría tener un local más grande, para vender mis productos». Antonio también se muestra satisfecho, «los africanos aquí sufren mucho, ellos a nosotros nos reciben con los brazos abiertos, pero nosotros a ellos... en fin, ha merecido la pena», afirma. La falta de experiencia de Esi contrasta con la veteranía de Samba Diagne, un senegalés que llegó a Vigo hace catorce años huyendo de la precaria situación económica de su país, y se ha convertido en uno de los pioneros de la venta ambulante en Vigo. Su carácter abierto y su facilidad para aprender el español le ayudaron a abrirse paso entre la maleza urbana de una ciudad que, por entonces, estaba muy poco acostumbrada al color negro de piel. «Como en casa» Con el tiempo Samba se ha convertido en un hombre de negocios. Dirige su propio establecimiento comercial de artesanía africana, en la calle Carral, actividad que compagina en temporada alta (en verano) con la venta en las ferias y mercadillos. Viaja con frecuencia a Senegal, para visitar a su familia y, de paso, cargar mercancía para la tienda. Mientras está fuera, María José, su compañera, se encarga del establecimiento. Ella es viguesa, ambos contrajeron matrimonio en 1995 y tienen un hijo de casi cinco años. Desde la veteranía y la experiencia, los problemas se ven más diluidos y uno llega a sentirse en extranjero como en su casa. ?«Me siento integrado, aquí las cosas me van bien y tengo la vida encauzada», afirma.