AL TRASLUZ | O |
15 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.AL LLEGAR a las aldeas cada vez se ven más vacías. Debajo del carballo en donde hace pocos años era el centro reurálgico de reunión de todos los vecinos ahora ya no hay nadie. Los pocos participantes que quedan de entonces optan por permanecer en casa. En el verano la aldea ya no se llena de gente. Antes venían los americanos , era época de fiesta y llegaban para estar con su familia. Daban ayudas para la celebración de los festejos patronales y era todo un acontecimiento. Las casas se preparaban para acogerlos, más comidas familiares durante su estancia, los más pequeños esperaban por sus regalos... Pero ahora quedan pocos americanos . Algunos decidieron instalarse definitivamente en Galicia; otros ya tienen mucha edad para cruzar el charco en el avión y están ya asentados más allá del Atlántico; y otros mantienen el problema de la imposibilidad económica de acercarse hasta la tierra que les vio nacer. Los americanos de Europa también son menos. En agosto, cuando antes se llenaba de coches con matrículas de Suiza, Andorra y Francia, ahora ya son casos muchos más contados. En la aldea, de donde partieron, ya no están los padres y prefieren buscar otros puntos para pasar sus vacaciones sin las incomodidades de tener que limpiar la casa vacía de todo el año, revisar que todo funcione bien... Ahora los veraneantes que llegan son otros. Son extraños para los que viven en la aldea. Llegan a las casas de turismo rural para pasar la noche, en busca de tranquilidad y de disfrutar del campo. Pero no conocen ni a Maruja ni le preguntan si sus hijos ya se han casado desde la última vez que se vieron. Los mayores no los esperan con los brazos abiertos deseosos de que alguien con tiempo les escuche. El verano ya no se nota en la aldea.