Carretillas contra los problemas

DEZA

SIN SODA

24 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EN SEMANAS como ésta, panaderos, camareros y periodistas siempre se plantean preparar una oposición a la Xunta o hacer empresa como Dios manda para poder levantarse a las doce, ponerse un chándal bien cómodo y salir a comprar el periódico sin más obligación que elegir entre el almuerzo familiar o la excursión a la Costa da Morte. Los que quieran ser funcionarios, ya pueden ponerse a estudiar cuanto antes, que dicen que hay nueva convocatoria. Para los que tengan vocación de empresarios, ahí va una buena idea: un negocio de venta carretillas. De entrada parece extraño, pero si se analiza con detenimiento, llega a tener cierto sentido. Quizás no se amase una fortuna, pero seguro que se puede descansar los fines de semana y festivos. Escombros como los que incomodan a los vecinos estradenses de la rúa Iryda son el pan de cada día. Sufrirlos en silencio provoca estrés y quejarse, a veces, no es muy efectivo. Lo mejor: comprar una carretilla. Tengo un amigo que propone que cada estradense estrene la suya y que entre todos construyamos una enorme montaña en dónde más incomode a los responsables de los vertidos. No es que sea muy ético ni muy ecológico, pero ahorra terapia antiestrés y seguro que es más práctico que otras medidas alternativas. Al menos uno puede desahogarse a golpe de carcajadas y esfuerzo físico. Mi amigo también tiene soluciones rápidas para otros problemas que desquician a los vecinos. Para los ruídos de los pubs, por ejemplo, propone una alternativa. Para no hacer apología del terrorismo sugiriendo el lanzamiento de botes de ácido sulfúrico y animaladas por el estilo, mi amigo propone hacer un agujero en el piso superior al local, convertirlo en váter y combatir con olor el ruido.