Además de viajar en el tiempo, los visitantes de la feria estradense de antigüedades tendrán la oportunidad de ejercitar su solidaridad. No hace falta que regalen nada, basta con que adquieran alguna de las piezas que se venden en el puesto de la asociación benéfica La sal de la tierra. Según explica el responsable del stand, Máximo Martínez, los fondos recaudados con la venta de muebles de época y de artículos de segunda mano se invierten en el mantenimiento de un comedor social y de una casa de acogida en Vigo. El colectivo tiene otros comedores benéficos en Valencia, Alicante y Alcalá y ha empezado a trabajar también en Venezuela «para sacar a los adolescentes de las calles». La asociación exhibe, entre otras reliquias, un despacho portugués de época en madera de palosanto con interiores de castaño, una mesa isabelina y una cocina de leña en miniatura que en su día fue un juguete de lujo y que todavía hoy puede encenderse.