«Cuando un juez aplica una ley hace real la voluntad del poder»

La Voz A.G. | PONTEVEDRA

DEZA

Entrevista | Luciano Varela

21 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l director del seminario, Luciano Varela, reflexionó ayer en Radio Voz Pontevedra sobre el curso que se desarrolla en la UIMP. -¿Que objetivo persigue este seminario? -La necesidad de que los profesionales del derecho reflexionen sobre el sentido último de su trabajo y en qué medida podemos dar respuesta a las demandas de la sociedad. Una reflexión teórica pero sin duda alguna ineludible para el ejercicio de nuestro trabajo. Creo que hoy uno de los problemas fundamentales en nuestra profesión es que los árboles no nos dejan ver el bosque y muchas veces perdemos la perspectiva necesaria del sentido de nuestra colaboración en la sociedad. -¿Es el Derecho un instrumento del poder? -Esa es una de las reflexiones que tenemos que hacer: el papel del Derecho como un elemento del Estado para su proyecto de sociedad. No podemos perder de vista que cuando un juez aplica una ley está haciendo real la voluntad del poder. Es necesario saber en qué medida el poder puede instrumentalizar espúreamente ese derecho y hasta qué punto los que trabajamos en el día a día podemos ser unas acríticas correas de transmisión del puro poder del Estado. -El Derecho como brazo ejecutor del poder... -Exactamente. A veces hay un exceso de confianza en que a golpe de Boletín Oficial del Estado se resuelven todos los problemas, y no es así. Estos días vamos a analizar asuntos en los que el propio derecho puede convertirse en un problema, como al marcar los límites de las investigaciones con células madre; otros en los que puede haber una autorización excesiva, como la persecución penal universal; o situaciones en que se persigue a golpe de penas en temas como violencia ecológica, delitos ecológicos... -¿Existe un Derecho del PP y un Derecho del PSOE? -No le quepa la menor duda. Si partimos de la base de que el Derecho es un instrumento que utiliza el Estado para que se haga realidad una determinada conformación de la vida social, pues sin duda. -Los cambios legislativos que introduce un Gobierno que accede al poder ¿son necesarios o debería de haber un pacto global en determinados asuntos? -Yo tengo un cierto escepticismo sobre la invocación permanente a los pactos de Estado. Llegará un momento en que lo que no se querrá es que haya política, como si el Derecho fuese una ciencia que tiene una única respuesta correcta para cualquier problema social. Eso es lo más próximo al fascismo que puedo imaginar. La sociedad es cambiante, las ideologías varían, y la sociedad demanda diferentes respuestas en diferentes momentos. Ese es el juego democrático. -¿Qué opina de los cambios en la ley del divorcio? -Creo que esta ley es una demanda a gritos de todos los juristas y, desde luego, de todos los que colocamos a la libertad en uno de los valores fundamentales. Esta reforma era un deber inexplicablemente aplazado por el estado: es necesario dar a los ciudadanos una libertad para dejar de ser matrimonio como mínimo equiparable a la que hay para llegar a serlo. -¿Y el matrimonio entre homosexuales? -Ahí quizás puede haber más matices. Creo que el problema radica en la carga que lleva la palabra matrimonio, pero es indudable que la libertad exige también el respeto a las relaciones entre personas del mismo sexo. Si yo perteneciese al colectivo que demanda esa equiparación, lo último que reclamaría sería la palabra matrimonio.