EL CRISOL | O |
13 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NO CABE DUDA de que detrás de cada avance tecnológico aparece el ser humano. De esta manera, seguro que Bell nunca pensó que el teléfono serviría para que los enamorados se contasen cada tres horas sus nimiedades, mientras las compañías telefónicas transforman tan poéticas conversaciones en prosaicos euros. Tampoco imaginarían los impulsores militares de Internet millones de cibernautas rebuscando información sobre la plantación de berenjenas o chats entre un lugar y otro del planeta. Más fácil lo tuvieron los inventores de los teléfonos móviles: porque ya con aquellas maletas de Motorola de los años 80 eran frecuentes las demostraciones absurdas de los ufanos propietarios, con conversaciones chorras con las que justificar que cargar con aquellos kilos podía ser completamente inútil. O sea, veinte años después seguro que no se asombran de todas las sandeces que decimos con un móvil a mano. Y de todo esto no se libra el correo electrónico. Porque, con la tecnología punta que tengamos, nos comportamos casi siempre igual. Y aquellas cartas que preconizaban mala suerte a quien rompiese la cadena ahora llegan por e-mail. Y ni se imaginaban los creadores del Power Point las 100.000 tonterías que habrían de realizarse para ser enviadas luego a millones de correos electrónicos. Aunque en esto, el patrón suelen ser filosofías orientales y chorradas por el estilo, indefectiblemente con pantallas en fondo negro y profusión de preciosas flores. Un consuelo: ayer recibí uno sobre el buen karma . Una compensación, porque con todas las cadenas que he roto, el día menos pensado me da un calambrazo el teclado. Y a ver cómo lo escribo luego.