EL CRISOL | O |
20 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SI HAY ALGO tradicional en Galicia entre ellos se encuentran la gaita y la empanada, los dos protagonistas de la jornada de hoy. Unos cuarenta kilómetros separan ambas citas que luchan, cada una a su estilo, por preservar elementos típicos de Galicia ahora que lo que manda es la globalización: la música que más suena y se baila se parece toda. Si no se escucha la letra hasta sería difícil distinguir muchas de ellas. Con la comida pasa lo mismo: empanadillas congeladas, pizzas que parecen tener todas el mismo sabor a pesar de que varíen un poco los ingredientes. Al lado de estos productos globalizados, que saben igual en Estados Unidos que en China, en París o en Sidney, que suenan igual en Argentina que en Rusia, luchan la gaita y la empanada. Suenan y saben distinto. En este caso en lugar del «made in» tendrían que poner «feito en». Y ahí está el problema. Le falta ese toque final para pasar del diploma olímpico a la medalla. Y no es porque no lo valgan, sino porque faltan esos entrenadores que les hagan convertirse en auténticas estrellas. Pero los que no los conocen no saben lo que se pierden. Y hoy toca disfrutar de la gaita y de la empanada. Hay tiempo.