Los tipos finos que no veremos

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EL CRISOL | O |

10 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

PASAN SUS horas en los gimnasios. Cae la tarde y recorren impertérritos kilómetros y kilómetros alrededor de los parques. Sus bebidas comienzan por bio, sus comidas acaban por light, y vigilan más su ingesta de calorías que la cuenta corriente. Rinden culto a la imagen, y se esmeran especialmente cuando el verano está a punto de llegar. Se miran en el espejo, y no pueden evitar caer más enamorados que Narcisos. Son los tipos finos que aguardan lucir figura en minúsculos bañadores, en bikinis brasileños, que pretenden captar las miradas admiradas en piscinas, playas fluviales, arenales costeros y demás. Que buscan fiestas nocturnas donde enseñar su palmito bronceado, cuanto más superficie mejor. Once meses trabajando, y trabajándose. Machacándose con las pesas, recorriendo kilómetros estáticos, sudando la gota gorda. Para ese mes vacacional, para esa pasarela estival. Sin tener en cuenta que son gallegos. Y zas: llega agosto y llueve. Pero llueve, llueve. Del verbo llover: conjugado como en noviembre, pero en pleno mes de la canícula. Ignorando que la canícula es del Padornelo hacia abajo. Así que allá va: los mortales de sillón, de cervecita, de patatas fritas, de lentejas, de chocolate, de hidratos de carbono a mansalva nos los perdemos. Nos quedamos sin la oportunidad de verles sus cuerpos serranos. No es justo. No puede ser que quienes se han currado un cuerpo Danone, pero de la línea Sveltesse, no puedan robarles protagonismo a los cuerpos del otro Danone: el de las natillas de crema y chocolate. Por eso quiero que vuelva a salir el sol. No me gustan las frustraciones veraniegas: así que prefiero olvidarlas mientras veo llover, y me zampo un Bollicao.