Un chaleco para tres

| O. P. ARCA |

DEZA

PUES LLEGÓ la hora del chaleco obligatorio. En ese bazar móvil al que llamamos coche, tenemos un hueco para la pieza, cerca de los triángulos de señalización de peligro, las lámparas de repuesto, el gato o la rueda, ahora que el cedé de Camela todavía es opcional para Tráfico. Y con el chaleco reflectante empiezan a verse las primeras situaciones curiosas. Por ejemplo: ves una avería en la autovía, con tres almas tostándose al sol. Uno de ellos, embutido en naranja, y dos más a su aire. El conductor cumple, ¿los demás son prescindibles? ¿Habrá que llevar cinco chalecos en lugar de uno? Y en el autobús: ¿uno por cabeza, como en los aviones, pero sin inflar?. O adoptamos la solución genial de un amigo; regaló dos chalecos a sus padres, razonando: «Papá, ¿tú crees que si se avería el coche tu mujer no saldrá a ver qué pasa?». Qué cosas ...