Reportaje | El negocio cibernético en A Estrada El teléfono es demasiado caro y el correo postal demasiado lento. Los emigrantes de A Estrada se han adueñado del ciberespacio y han hecho del Messenger su bandera
24 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Superado el bum inicial, el negocio cibernético se ha quedado en A Estrada con sólo dos competidores: Pl@y.net y el cibercafé Scooby. Entre los dos suman 23 conexiones a Internet que son el alivio de muchos estradenses. La globalización ha llegado de golpe para imponer el modelo on-line, pero muchos vecinos no disponen de un equipo informático y muy pocos pueden permitirse la conexión a Internet. La solución son los cibers, que no dejan de captar clientela de todas las edades y condiciones. El colectivo de emigrantes es uno de los más fieles. Una conferencia con Venezuela o Argentina puede salir por un ojo de la cara. Conectarse a Internet es bastante más económico. Por 1,80 euros el cliente tiene derecho a una hora de navegación y tiempo suficiente para escribir sus memorias por e-mail. O vía Messenger. Según el propietario de Pl@ay.net, Miguel Gañete, el Messenger es el sustituto indiscutible del teléfono. Y el e-mail el del correo postal. El Messenger permite mantener un diálogo escrito en tiempo real. No importa la distancia. El precio es siempre el mismo. El e-mail permite enviar fotos y demás documentos al instante. No hay color con el correo ordinario, a menos que se prefiera el documento manuscrito a la inmediatez del e-mail. Pero los emigrantes son sólo una parte de la clientela. Y los jóvenes son otros grandes adictos a los cibers. No sólo para jugar en red -aunque a veces lo hace con contrincantes de todo el planeta-, sino también para buscar información y para preparar trabajos académicos. Sin embargo, por extraño que parezca, en los cíbers locales hay gente de todas las edades. Desde los 7 años hasta los 80. Casi todos son clientes fieles y pasan unas dos horas frente a la pantalla, aunque es difícil establecer una media. Hay quién consulta su correo y se marcha y hay quién batió el récord local pasando ocho horas sin despegarse del asiento. Era otra época. Cuando los cibers no cerraban ni al mediodía y muchos adolescentes preferían engancharse al chat que hablar en las cafeterías. Desde hace cinco años, han cambiado muchas cosas. En especial la formación de los usuarios. Al principio los encargados de los cibers ejercían a diario de profesores. Había quien cogía con miedo el ratón y había quien tomaba apuntes para no perderse detalle. Hoy casi nadie pregunta. El personal está dispuesto a crear las cuentas de correo que haga falta, pero ahora casi todos dominan la técnica y las peticiones son anecdóticas.