Crónica | Internos de la prisión de Pereiro atraviesan Deza Son dieciocho, catorce reclusos y cuatro acompañantes. Llevan ya 78 kilómetros de la Vía da Prata. Han superado la lluvia recia y la deficiente señalización
22 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?adie ha dicho nunca que hacer el Camino sea fácil. Estos catorce reclusos de la prisión ourensana de Pereiro de Aguiar han demostrado que son capaces de enfrentarse a los elementos, la lluvia recia, pelearse con los senderos mal señalizados, cruzar arroyos e ir quemando etapas sin perder la sonrisa ni el buen humor con la ayuda de la música algunos y otros llevando la enseña de su equipo de fútbol. Ayer llegaban cansados, pero satisfechos al albergue de Medelo, en Silleda. Dejaban las mochilas y posaban para la foto de llegada que certificaba una etapa más cumplida. Ya queda menos. Luego una ducha, curas de urgencia para los pies doloridos y descanso hasta hoy. Esta mañana el grupo, integrado por dieciocho personas, emprendía la penúltima etapa. La más larga que les conducirá hasta las puertas de Compostela, hasta el Monte do Gozo. El grupo lo integran catorce internos que pertenecen a la comunidad terapeútica intrapenitenciaria que sigue un programa de rehabilitación de las drogodependencias y van acompañados por un educador, un monitor deportivo, un funcionario y un terapeuta de Proyecto Hombre. De momento la peregrinación transcurre sin bajas, aunque más de uno ya acusa algunas lesiones en los pies. El miércoles se enfrentaron a la etapa más dura entre Cea y Lalín. 27 kilómetros contabilizados por Turismo que resultaron ser ocho más. Los caminantes eligieron la ruta antigua evitando el paso por la carretera. El trazado les ofreció la belleza incomparable de alguna frondosa carballeira, pero también un camino en malas condiciones surcado de agua y mal señalizado a tramos, que les hizo perderse. Llegó un momento que de los catorce faltaban siete. Nada que ver con una fuga en masa, la culpa la tuvo lo intrincado del itinerario, las condiciones del terreno y la lluvia que caía con fuerza inundando el camino. Al final fueron encontrándose, que para algo sirve la tecnología de los móviles. Ayer la cosa ya fue mejor después de dormir en el albergue de A Laxe. En Lalín echaron mano de Protección Civil, que acercó a dos de ellos al ambulatorio a curarse de ampollas y rozaduras. Pero el afán de superación lo puede todo y hubo hasta uno que cerca del final de la etapa se tiró en la carretera a hacer flexiones. Unos jabatos. En A Laxe recibieron la visita de una psicóloga y un terapeuta que les dieron ánimos. Tocó asamblea. Del albergue de A Laxe les gustó tanta modernidad, aunque dos de ellos, muy altos, tuvieron que cambiar el lugar donde dormir porque no cabían y al moverse la célula fotoeléctrica encendía automáticamente la luz y no había manera de pegar ojo. Ayer descansaron en Medelo tras un tramo más llevadero cruzando Deza y el 24 les espera una misa en la catedral y una comida festiva que no se perderá «el jefe», el director del centro, Manuel Arias.