EL CRISOL | O |
05 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.GÓMEZ ESTÉVEZ, Manuel, es de los concejales más veteranos de la corporación de Lalín. En la foto de recepción a Raúl Alfonsín, en 1984, sale en primera fila: es de los pocos que pudo repetir instantánea a finales del 2003, «que veinte años no es nada». Mantenerse en la cresta de la ola mandato tras mandato tiene su secreto: no quemarse, y por supuesto, estar en el equipo de gobierno. Si alguien aguantase semejante periplo en la travesía del desierto que es ser oposición en Lalín, merecería la Folla de Carballo en su máxima categoría; y si me apuran, el carballo enteiro. Así que el bueno de Manolo aplica su fórmula para no quemarse. Discreción, una sonrisa por aquí, una palmada por allá, nada que comprometa mucho. Si la Xunta tenía una ánguila , la corporación de Lalín tiene un escapista que siempre busca una complicidad para escabullirse. Primero lo tuvo más fácil, al frente de una concejalía tranquila como es Cultura. Ahora el tema está más complicado, con Hacienda y los números bailando todo el día. A Gómez el balón le quema en los pies: así que, cuando le llega, despeja adonde puede. Hacia abajo es más fácil, porque rebota menos; pero cuando es necesario el patadón hacia arriba, tampoco lo duda: y prepara el mejor porte para aguantar la consiguiente embestida. José María García tenía una frase para definir a determinados gestores. Tras su nombre, y en aposición, agregaba: «Ni una mala palabra, ni una buena acción». No se me interprete mal, no digo yo tanto. Después de todo, Gómez Estévez condonó deudas con el Concello por más de cien millones de pesetas. Y en la subida del IBI, ¿tiene algo que ver?. Hacienda, IBI. Uf, al menos debería enterarse de las reuniones del Concello. Aunque el tema queme.