AL FILO | O |
02 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.TENGO UNA AMIGA que acaba de terminar la carrera de Periodismo y es becaria en una multinacional que realiza trabajos de comunicación para una empresa. De vez en cuando, desde la capital del Estado, me escribe algún pequeño e-mail contando historias dignas de la más absurda de las comedias. A mi amiga se le han adelantado ya con un famoso Diario de una becaria que está vendiéndose como rosquillas, si no siempre le quedaría el consuelo de aprovechar su experiencia y sus cualidades para esto de la pluma y sacar un dinero. Su historia es la de muchos otros universitarios. Licenciados en Derecho que peregrinan de despacho en despacho trabajando gratis de pasantes; doctores en empresariales que atienden las consultas telefónicas de los clientes de alguna empresa,... A los jóvenes les preocupa su futuro, provocándoles los mismos dolores de cabeza que a los de nuestra generación. Ahora los chavales se preocupan de hacer mil cursos, de formarse en muchos casos hasta el hastío, y a veces para dejarse la ilusión y sus fuerzas en trabajos precarios mal valorados. Hoy los alumnos del instituto Laxeiro empiezan unas jornadas sobre inserción laboral que les intentarán abrir los ojos de su futuro y darles pautas para encontrar un puesto de trabajo. Saber qué tipo de puestos demanda el mercado y cómo llegar a ellos es una ayuda. A veces encontrar un buen empleo es cuestión de suerte, pero yo estoy convencida de que en esto, como en todo, hay que echarle valor, confianza en uno mismo y, sobre todo, ilusión. Los empresarios valoran siempre el interés del empleado que además de cumplir con las labores encomendadas le pone empeño y dedicación.