Arte fundido entre escombros

María Conde PONTEVEDRA

DEZA

XOÁN CARLOS GIL / RAMÓN LEIRO

Reportaje | La defunción de las creaciones efímeras En la manzana del Antiguo Hogar se diluyen restos de obras de las intervenciones de la última Bienal. Entre ellas sobresale la de Salvador Cidrás

17 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Son muchos quienes sostienen que los contenedores almacenan verdaderas obras de arte. Fíjense si no detenidamente en la decoración de cualquier piso de estudiante universitario. Pero en el patio interior del Antiguo Hogar Provincial, próximo a convertirse en nueva flamante sede del Museo, la opinión cobra sentido literal. Allí, rodeadas de escombros de todo tipo, pasan sus últimos días algunas de las intervenciones efímeras de la última Bienal pontevedresa, celebrada en el 2002. Entre ellas, sobresale por cuestión de tamaño y color la del prestigioso artista moañés Salvador Cidrás, un montaje que a su vez era similar a una anterior instalación realizada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Así que, frente a lo que puedan pensar, el a priori triste final de estas obras constituye una práctica usual en el mundillo. «La idea del proyecto -subraya el creador gallego- era una pieza específica para el espacio, como lo fue en el caso del Reina Sofía. El planteamiento era que la arquitectura plasmada en la intervención fuese como una piel pegada a un muro y, una vez acabada la exposición, se destruyó». Para Cidrás, incluso se trata de una manera de «bajar del pedestal al arte». Y es que, como dice, «es algo que te planteas que ya va a ser así». En su caso, afirma que con este montaje disfrutó de forma especial «porque colaboraron alumnos de Bellas Artes y Restauración, y no es como cuando te enfrentas tú solo a una obra en tu estudio». Incluso cuando fue a realizar su intervención, se encontró en la pared con restos de otra obra de Dora García, perteneciente a una anterior exposición. Grabaciones El comisario de la Bienal y director del Museo pontevedrés, Carlos Valle Pérez, también quita hierro al hallazgo artístico en el patio del Antiguo Hogar. «Ese tipo de obras son efímeras y, realmente, si hubiésemos querido retirarla, se hubiese roto, porque estaba realizada con plástico y adhesivo», comenta. La única forma de que perduren estas creaciones es a través de la documentación que realiza in situ el propio artista. Es decir, se monta la intervención, se fotografía o se graba y al catálogo. «No todo se conserva», matiza Valle. En el mismo montón donde reposa la obra de Cidrás también hay restos de la del portugués Miguel Leal para la misma Bienal -la intervención de las banderas que se movían gracias a un ventilador-. Y, por supuesto, corrió la misma suerte la isla a base de pasta de dientes del noruego Tor-Magnus Lindeby. Quién sabe, puede que el futuro del coleccionismo no esté sólo en las grandes subastas. Y que el tener en su salón un auténtico Cidrás deteriorado valga su peso en oro. Por si acaso, mire de reojo.