Entroido con sal y pimienta

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EL CRISOL | O |

09 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ENTROIDO perdió mucho en A Estrada. Sobre todo sal y pimienta. Hubo épocas en las que las calles se llenaban con nutridas comparsas y los desfiles derrochaban creatividad. Hubo tiempos en los que se invertían semanas enteras en diseñar los disfraces y décadas en las que los preparativos en sí eran toda una fiesta. Los chavales se escondían tras los antifaces para pedir propinas y los que les abrían la puerta rejuvenecían sólo con verles. Los ejércitos del Val de Vea estaban más nutridos y sus generales lucían siempre las mejores galas. Elegían las mejores plumas y sacrificaban las chiquitas para colgarse más medallas. Eran otros tiempos. La televisión todavía no era el pilar básico del diálogo y las diversiones eran más auténticas. Ahora los disfraces se alquilan y los chavales sólo quieren vestirse de Shin Chan. Las discotecas organizan bailes infantiles y los concursos son casi obligados si se pretende algo de originalidad. Ya nadie da nada por nada y al personal sólo le da la vena creativa si hay cuartos de por medio. Por si fuera poco, los generales agonizan. La tradición carnavalesca más arraigada en la comarca corre serio riesgo de desaparición. Las parroquias de Santa Cristina de Vea, Couso y Santeles ya no celebrarán este año sus clásicos «encontros». El Concello ha salvado por los pelos la papeleta y ha cuadrado una actuación para el casco urbano. Pero ese no es el camino. Al menos no es el único. Una tradición tan antigua -reminiscencia de las luchas contra los franceses o de las guerras carlistas- se merece un poco más de atención. No es de recibo acordarse de los generales a quince días de la guerra y esperar luego que te canten sus «Vivas».