CON ACENTO
03 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LO CONFIESO: esta vez ya no tengo lista de propósitos de enmienda para el año que empieza. Entro en el 2004 como salí del 2003, tratando de capear el temporal día a día y sin loables objetivos por conseguir. Lo siento, pero renuncio. Porque uno no puede estar toda la vida marcándose el farol de que en los siguientes doce meses va a cambiar tanto -a mejor, se entiende- que como decía Guerra no lo reconocería ni la madre que lo parió. Que, en una de ésas, vas y te frustras de veras luego al ver que todo sigue manga por hombro. Así que yo, ya no más. Eso sí: pondré buena cara a quien me diga que va a dejar de fumar este año; que comerá menos y adelgazará -ja ja, y dejando de fumar encima-; que cambiará la fácil telebasura por la literatura; que, que, que. Y encima, no se lo recordaré en diciembre. Porque este año seré bueno: ja