EL CRISOL | O |
19 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LOS AÑOS cada vez duran menos. De verdad; puede que influya el hecho de que yo vaya acumulando más, pero lo cierto es que pasamos del verano a la Navidad sin darnos cuenta. Y es que anticipamos tanto las fiestas, empujados en buena medida por intereses comerciales, que anticipamos el futuro inmediato hasta dejarlo casi en pasado. Recorres la calle Principal de Lalín y puedes ver las luces de Navidad; abres el periódico, y te informan ya sobre los preparativos de la Cabalgata de Reyes; escuchas la radio, y oyes a Agustín López hablando con Amelia Ferreiroa de la Feira do Cocido; enciendes la televisión, y ves al calvito de la Lotería soplando las bolitas que sabes que no se confabularán para formar el número que lleves el 22 de diciembre. La calle General Franco Así que confirmas por todos lados que el tiempo vuela. Y de tanto que vuela, les das un voto de confianza a todos esos políticos con responsabilidades en los distintos gobiernos municipales, y piensas: se cumplen 28 años de la muerte de Francisco Franco, el hombre del superlativo hasta en el rango militar, y las placas dedicadas a su memoria perviven en nuestras calles y plazas. Claro: no les habrá dado tiempo a retirarlas, y a tomar un simple acuerdo plenario para cambiarles el nombre. Por eso, se prefieren los eufemismos, y así por ejemplo en Lalín se habla de la calle Principal, cuando la placa mantiene, 28 años después, el nombre de General Franco. Aunque el pueblo, más rápido de reacciones, le haya plantado una bandera republicana en medio del blanco mármol. Un guiño que seguro muchos agradecen, en este tiempo confuso de zetas regias y reales.