EL CRISOL | O |
23 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SE ACABÓ lo que se daba. Cuando se iba agosto y las fiestas en carballeiras y explanadas, pensabas en As Dores. Cuando el verano decía adiós pensabas en As Dores. También cuando echabas la manta a la cama, te ibas poniendo jersey en vez de camiseta y los días empezaban a oscurecer pensabas en que aún quedaban las fiestas de Lalín para darle el finiquito a la estación de la carallada constante. ¿Y ahora qué? En el campo de la feria lalinense las atracciones recogen los últimos artilugios y hasta el tato anda hoy con resaca. No es la resaca de cinco días de fiesta, es la de un verano de sarao en sarao . Es época de cambios vitales. Se nos acabó lo de ir detrás de la París de Noia noche tras noche, o salir de terracitas a media tarde. Que llega el invierno, hombre. Pero no hay mal que por bien no venga. Están los magostos. Los caldos de la abuela que sientan a perlas. Las tardes de cine. O mejor, las tertulias junto a la cheminea o la cocina de leña. Los domingos de lluvia y tú en la cama escuchando las gotas. El encanto de los parajes nevados. La ropa de invierno que tapa los odiosos michelines que enseña el biquini. Las navidades felices de la televisión. Y para completar, los juegos con tus compiches del colegio . Bienvenido sea el invierno, que un mes más de verano y nuestros prados acaban como el Sáhara. Y aunque en las ciudades piensen que la leche viene del cartón, no es así. Viene de la vaca que come hierba. Y la hierba necesita lluvia y cambios de estación. Como todos necesitamos cambios de aires. Al que le ataque el síndrome post-verano, si es que la televisión ya lo inventó, que piense en el verán de San Martiño . Que ese aún no llegó.