SIN SODA
30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL OTOÑO se ha adelantado. Ha caído cual guillotina tras la ola de calor a la que muchos se habían adaptado, ha recortado los días y ha adelantado los atardeceres, que empiezan a ser menos rojos. Ha hecho mella en los ánimos y ha anunciado la fatal hora. La hora de guardar las sandalias y los shorts. La hora de cambiar las terrazas por interiores. La de desterrar el biquini y la sombrilla. La de desempolvar el aburrido traje gris. La de volver a la rutinaria rutina. La hora de las promesas incumplidas. De ordenar la mesa de la oficina. De estudiar un poco cada día. De empezar otro curso de idiomas. De cambiar el chocolate por la fibra. Llegó la hora de la melancolía. Pero también la del sabor a vendimia. La del olor a café caliente y a castañas asadas. La de los bosques como postales. La hora de la reflexión. Ya está llamando a la puerta.