SIN SODA
19 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Hay adictos al Hotel Glam, a la comedia romántica, al deporte o a la timba de la sobremesa. Hay adictos al sexo, al rock, a las drogas, al paseo vespertino, a las playas nudistas, a los centros comerciales, a las saunas, a los masajes, a la lectura -pocos- o al copeteo -bastantes-. También hay adictos al trabajo, que son de lo más peligroso. Y adictos al churrasco, al café, a la comida italiana, al cocido o a la sopa. Y al marisco, que son adictos con caché y Visa Oro. Los adictos al chocolate se cuentan por millones. Puro, con leche, en mousse, en napolitana, con churros o en chocolatina. El chocolate daría para escribir un libro. De hecho ya hay varios escritos. El chocolate tiene tantos adictos que hoy en día lo raro sería conocer a alguien que no lo fuese. Yo desconfiaría. Todo el mundo tiene una pequeña adicción más o menos inconfesable. Sólo que algunas molestan más que otras.