Crónica | Emigrantes de seis días Alrededor de ochenta jóvenes de la zona parten cada lunes a Zamora y Valladolid para realizar los cursos de formación y trabajar en centros de Eroski
18 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«Orgullos de estar entre el proletariado» decía la canción. Así se van ellos. Se trata de los 74 jóvenes de la comarca dezana que cada lunes parten a Valladolid y Zamora para trabajar y formarse en los centros del grupo Eroski. A las cuatro de la tarde de ayer, con un sol de justicia por banda, cargaban las maletas en el bus que les transporta a la comunidad vecina. Llevan tres semanas de marcha obrera: se van el lunes, trabajan y aprenden ocho horas diarias y regresan cada sábado. Así, hasta finales de septiembre unos y mediados de octubre otros. Con mucho humor y pocas vacaciones. Distintos conocimientos En pleno agosto, cuando parece que los únicos viajes son a los chiringuitos playeros, ellos se van a aprender a pelar bien el pescaíto, a cortar los filetes para que la señora del quinto no se queje o a saber cómo se colocan las viandas para que el consumidor se lleve cinco en vez de cuatro. Todo un recital de conocimientos que acumulan en su estancia, porque no es lo mismo ir para pescadería que para bollería, que las técnicas y el arte son diferentes. Vamos, como unas becas universitarias, pero para comestibles. Pero, a diferencia de ellas, trabajando al tiempo que se forman. No les asusta el trabajo, entre risas, comentan que el hotel es bueno y que el curre se lleva bien. Lo peor es el examen final, la reválida. Es decir, cuando el jefe de turno te canta aquello de «éste sí, éste no, éste me gusta me lo quedo yo». Porque no todos los que van se quedarán en la empresa. La marcha migratoria es sólo un período de prueba. Los que lo pasen, ya pueden ir tomando medidas del uniforme para formar parte del plantilla del Eroski lalinense. Los que no, a guardar fila en el Inem o pasar nuevas entrevistas. Que lo de ir a formarse a Castilla León no es como apuntarse a una excursión a Camariñas o Betanzos, que das el nombre, coges asiento en el autobús y tan contento. Ellos tuvieron que pasar numerosas entrevistas, presentar curriculum vitae y diverso papeleo burocrático para coger el transporte hacia la Meseta. Todo en un intento de que, a finales de año, fecha en la que el centro tiene previsto abrir sus puertas en Lalín, puedan salir en la foto inaugural de la plantilla de personal.