EL CRISOL | O |
05 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.En Deza y Tabeirós hay algunos que no veranean ni en Sanxenxo ni en San Vicente do Mar. Que sí, que sí los hay. Por mucho que se comente por ahí de que en la zona hasta el tato se marcha a las concurridas playas de la Marbella gallega, no es del todo cierto. Somos muchos los que nos quedamos. Porque aquí no todo es jauja . Aunque cuando uno vaya caminando por el paseo marítimo de Sanxenxo y San Vicente encuentre dezanos y estradenses por doquier, no hay que tomarse la parte por el todo. Muchos están allá, lo sé de sobra, porque una prima mía, que emparentó con gente bien, anda por la zona y me comenta lo que se cuece. Y ya me dijo, «hija, aquí está lo mejor de lo mejor». Pues vaya, supongo que aquí nos hemos quedado lo peor. ¿O no? El caso es que la mayoría del pequeño comercio no cierra sus puertas en agosto, así que se queda. Los agricultores y ganaderos, por mucho que les pese, tampoco pueden llevar a la marela a dorarse al sol de Silgar. Y qué decir de aquellos a los que las 80.000 de nómina no les llega ni para pagar unos cucuruchos en las playitas de San Vicente. Un horror, resulta que la mayoría de Deza y Tabeirós, no puede disfrutar de los placeres de la vida desde una tumbona playera del conocidísimo San Ginés. Menos mal que aún nos queda algún consuelo. Sí, me refiero a la posibilidad de agarrar el coche el domingo por la mañana y dar rueda hasta alguna playa. No es lo mismo, sobre todo, por lo que dice mi prima: «El viaje a Sanxenxo fue genial, a 200 y con el aire a tope». Sin embargo, yo fui el otro día a Vilagarcía y me achicharré. ¿Será por la diferencia de ruta o por que llevo un Seat Panda?